Seguramente la mayor sorpresa de la temporada la esté dando el Real Madrid porque está en una situación al borde del caos después de convertirse en el primer bicampeón de la UEFA Champions League. Por ello, la presente Copa de Europa, más que una obligación, se ha convertido en un consuelo debido a que ganar LaLiga es una utopía y la eliminación en Copa del Rey ante el sorpresivo Leganés encendieron las alarmas en el Santiago Bernabéu. Hay muchas dudas en el entorno del equipo madrileño y perder contra el PSG en octavos de final sería un golpe en seco para el proyecto comandado por Zinedine Zidane.

Hay varias razones por las que el equipo blanco se encuentra en esta compleja situación. Para empezar, las garantías competitivas que ofrece Zidane como estratega. Sin restarle mérito alguno al joven técnico francés, las dos Champions que ganó lo hizo con, quizá, la mejor plantilla del mundo. Es decir que podemos aseverar que el “Madrid de Zidane” hizo historia, principalmente, por la inspiración individual de sus futbolistas. Y repito, esto no le quita valor alguno al francés porque en un Director Técnico importa lo mismo la inteligencia táctica que saber gestionar los egos de un vestuario, muestra de ello la historia de Rafael Benítez quien, con los mismos elementos, no logró hacer carburar al equipo en los primeros meses de la temporada 2015-16. Parecía que el ex entrenador español del Liverpool limitaba demasiado la inspiración, esa misma en la que Zizou respaldó casi todo su proyecto.

“El cambio de Benítez a Zidane fue un giro 180º. De la rigidez táctica a liberar al talento”

Es cierto que Zidane se hizo cargo de la mejor plantilla del mundo, pero supo administrarla. Esto parece fácil en la teoría pero en la práctica implicaba un reto a la altura de pocos. Por su pasado glorioso como jugador y el crédito ganado como asistente de Ancelotti, Zinedine tenía la jerarquía para tomar las riendas del equipo más ganador de la historia, por más que como estratega sus lagunas tácticas saltaran constantemente.

Sin duda, contar con un “jugador 12” de la talla de Isco, James o Morata le facilitaron el camino a Zinedine. Cuando el centrocampista colombiano y el delantero español abandonaron la capital española el pasado verano parecía que el proyecto se mantendría estable pero la realidad es que sus participaciones en partidos que en su momento parecían poco trascendentes pasaron cobrar relevancia en la temporada actual cuando llegaron las derrotas. La zurda de James y los minutos de Álvaro representaron victorias claves. El curso pasado el Real Madrid podía jugar mal, regular o bien, pero generalmente ganaba gracias a la calidad y jerarquía de su plantilla.

“La zurda de James y los minutos de Álvaro representaron victorias importantes el curso pasado”

Por otro lado, los jugadores que llegaron en verano no han terminado de cuajar. Se trata de futbolistas que habían rendido muy bien en equipos de menor nivel pero, por proyección, parecía que tenían los argumentos para crecer en el Santiago Bernabéu. Dani Ceballos, Marcos Llorente o Theo Hernández son la muestra de esta situación. Y quizá el principal responsable sea Zidane, un estratega capaz de administrar a jugadores de élite pero incapaz de pulir a jóvenes promesas. Las comparaciones son odiosas pero, por poner un ejemplo, Zinedine no es Pep a la hora de arropar al talento emergente.

Zidane tiene la última palabra desde el banquillo de un Real Madrid que está en su momento favorito, la hora para demostrar que puede salir adelante de cualquier situación adversa. Tienen la plantilla adecuada, la que junta la mayor cantidad de Copas de Europa entre sus jugadores, ahora les toca imponer su jerarquía y demostrar que, aun cuando eres el bicampeón de Europa, la ambición por ganar nunca se acaba.