Neymar viajó a París buscando su mes de febrero. Un himno como escenario, un trofeo como objetivo y un equipo como reto. Su nuevo destino llevaría su nombre, y el éxito o el fracaso de cuanto juntos se propusieran quedaría irremediablemente unido al nombre de ambos. Neymar y el París Saint Germain ganarán o perderán juntos. Ni habrá una instantánea final de júbilo en el que el gran foco no ilumine al brasileño, ni una decepción previa a la cumbre que no le haga responsable. La suerte del ex del Barça es la suerte del nuevo PSG. Un nuevo PSG que, pese a su último traspiés liguero en favor del título levantado por el Mónaco de Jardim, nace y muere con la mirada puesta sobre la Champions League. Ni el título de Ligue 1 sanará un desengaño europeo, ni un tropiezo doméstico empañará un hipotético triunfo en el torneo de los campeones. Los de Unai juegan dos temporadas en una, y está por ver si lo que sucede en una de ellas tiene continuación en la otra.

“La suerte de Neymar es la suerte del nuevo PSG. Ganarán o perderán juntos”

Por el momento, lo apuntado hasta la fecha habla de un PSG que ha adoptado para sí mismo las señas de identidad que definen el juego de su estrella. Se trata de un conjunto exageradamente ofensivo en el que el mediocampo ha cedido peso en favor de acumular futbolistas con el área o su frontal como destino predilecto -junto a un más ortodoxo Verratti, han pasado, además de Rabiot o Motta, otros nombres más punzantes como los de Di María, Lo Celso o Draxler- y en el que la libertad posicional es una constante. En lugar de ser una estructura con cimientos establecidos a través de los cuales pueda danzar su principal figura, el de Emery es un conjunto de futbolistas que se suman al baile de su abanderado. Sí cuenta Neymar, a su alrededor, con dos compensaciones para su juego. Por un lado la que de forma general brinda la profundo y agresividad en el desmarque tanto de Cavani como de Mbappé, futbolistas que fijan la amenaza a la espalda de la defensa cuando ésta mira de frente los acercamientos del brasileño al mediocampo. La segunda, más concreta, implica al interior izquierdo, sobre todo cuando éste recae en Draxler, y se manifiesta a partir de un intercambio que cede el protagonismo a Neymar a la izquierda del mediocampo al tiempo que el alemán asciende para mantener ocupado el espacio del extremo izquierdo. Y es que dada la laxitud posicional con que suele responder el PSG en sus posesiones, no resulta nada extraño ver a Ney tomar cuerpo de centrocampista como origen temprano de unos desequilibrios que de forma colectiva el sistema no favorece. Ney está siendo solución, en ocasiones, más cerca de Verratti que de Cavani.

“Se trata de un conjunto exageradamente ofensivo en el que el mediocampo ha cedido peso en favor de acumular futbolistas con el área o su frontal como destino predilecto”

Hasta la fecha, la efervescencia física del brasileño, su flexibilidad en la carrera y su cuidado con el balón le han servido a su equipo para sortear esta potencial dificultad y, pese a ello, asomarse con regularidad a una zona de peligro donde el arsenal ofensivo galo es capaz de imponerse a cualquiera. Sin embargo, estas situaciones están demandando al principal activo del PSG, con más frecuencia de la deseada, hacer frente a más de una línea rival. Si recibiendo como delantero, sólo la defensa se interpondría en su camino hacia portería, bajando a buscar el balón cerca de la divisoria tiene que cortar también a la línea de medios contraria a fuerza de regates y conducciones. Para hacerlo desde la combinación, en ocasiones le están faltando socios. Cavani, Mbappé y Draxler van hacia arriba cuando Ney dibuja el movimiento de apoyo, y los laterales que pueden formar en su mismo carril presentan atributos más profundos que asociativos. Salvo aproximación de Verratti desde el sector derecho, las opciones de Neymar para llevar el esférico hacia arriba pasan por ejercer de latigazo en solitario.

“Ney está siendo solución, en ocasiones, más cerca de Verratti que de Cavani”

Cuando lo logra, cosa que en liga francesa sucede con bastante regularidad, el poder intimidatorio que se despliega a su alrededor tiene pocas réplicas en el panorama europeo. A su imaginativa concepción futbolista en el pico del área se añade la devastadora movilidad de Mbappé, el instinto de Cavani y la calidad desde la segunda línea que aportan Draxler o Verratti. En fase de grupos Neymar fue el futbolista que más regates completó por partido, suerte que hoy lo destaca como uno de los peligros más imprevisibles de la competición. Su cuerpo elástico y su creativa y lúdica visión del juego, lo distinguen como un encarador capaz de no repetir nunca un quiebro, y de inventar una solución distinta para cada situación que requiera del uno contra uno como escapatoria. Para una competición que prima la estabilidad estructural de sus contendientes como gran aval competitivo, una amenaza de desequilibrio como la del brasileño supone un peligro potencialmente devastador.

www.fourfourtwo.com

“En fase de grupos Neymar fue el futbolista que más regates completó por partido”

Sin embargo, donde más diferencias puede terminar marcando la delantera de Unai, debido a unas fases de posesión todavía por pulir, es en escenarios de contraataque. Emery cuenta con dos futbolistas que ya han decidido eliminatorias de Champions gracias a esta suerte, y a una tercera- Cavani- que no les andará a la zaga. Del mismo modo que Mbappé resultó un puñal para quien ante su Mónaco osó abalanzarse sobre Lemar, Falcao o Bernardo Silva, Neymar fue la lanza que siempre pudo esgrimir Luis Enrique para herir a los rivales que pretendieran reducirle espacios a su salida de balón o a su centro del campo. Neymar, Mbappé y Cavani, corriendo y con metros por delante, son un reto que la Champions todavía no ha enfrentado. Unas cotas de velocidad, precisión a altas revoluciones y veneno incluso arrancando a mucha distancia del área rival, para la que deberá prepararse todo aquel que aspire al mismo mes de mayo que sueña Neymar Jr. Al final de un viaje que no ha empezado todavía. Tenía que llegar febrero.