Desde que fichó por el Paris Saint Germain, Marco Verratti nunca había estado sólo al frente de la lista de máximos pasadores de su equipo. Junto a Thiago Motta formó una de esas parejas que definen colectivos, y que en el caso de los parisinos dibujaba a un conjunto de gestión paciente, exagerado mimo en la construcción y una evidente superpoblación en mediocampo. En la medular estaba su núcleo, que atraía hacia a él las miradas del resto de piezas contagiándolas de sus señas de identidad. En los últimos años, sin embargo, el PSG se ha ido transformando en un equipo de delanteros, producto no sólo del relevo en el banquillo, sino también, y más importante incluso, como consecuencia de las espectaculares incorporaciones de su vanguardia. De la mano de ambos factores, además, la intermitencia física de Motta ha dejado a Marco huérfano de media naranja. Si antaño el brasileño llegó a superar al de Pescara en número de pases por encuentro, hoy, de los habituales en el equipo de Unai, quien más se le acerca está a más de veinte. Alrededor de Verratti, ha cambiado el paisaje.

“La intermitencia física de Motta ha dejado a Marco huérfano de media naranja”

Para describirlo de forma resumida, valga con hacer referencia a Rabiot y a Julian Draxler. El primero es quien más veces ha recibido el encargo de cubrir la vacante en el mediocentro que Motta descubre a menudo, desde una sensibilidad futbolística muy distinta a la del ex del Inter. Con mayor tendencia a ir hacia adelante, a lomos de la conducción, la técnica y el regate, es habitual ver al galo descolgarse desde el pivote hacia la frontal. El caso de Draxler, por otro lado, habla de un extremo que situado en mediocampo corre en vertical y hacia fuera liberando zonas interiores para la recepciones de Neymar. Parte en la medular, pero tiene licencia para huir de ella. Así las cosas, y leído hasta este punto, cabría deducir un desempeño difícil para Verratti en este PSG, una notable incomodidad del italiano y dificultades para que su fútbol se hiciera sentir en el discurso que ahora se impone en el Parque de los Príncipes. No es el caso. Verratti participa como uno más del nuevo afán parisino, salta entre posiciones, mezcla la base de la jugada, la corona del área e incluso cae al apoyo en los costados. En un PSG de ofensiva posicionalmente muy libre, Marco no es freno sino empuje.

“En un PSG de ofensiva posicionalmente muy libre, Marco no es freno sino empuje”

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Que su número de pases por partido no se haya resentido es una pista de que su peso permanece intacto. Ya no como director de operaciones, pues su equipo no espera de él esa función, sino como el mejor y más prolífico conector con la línea delantera. El plan de Emery pasa por los pies de Neymar, Mbappé y Cavani, y pocos como Verratti para que a éstos el esférico les llegue en las mejores condiciones posibles. Sucede que, cada vez menos lejos, acecha la Copa de Europa, la competición que verdaderamente marcará el curso en París y en la que cabe suponerle al PSG un contexto de competición muy distinto al que enfrenta en su día a día. El campeonato galo le está permitiendo una alegría sin reparos, una suerte de fiesta futbolística en la que aceptar un tránsito despejado de una área a la hora, sabedor que sus armas para decidir en boca de gol están a años luz de las que pueden presentar sus oponentes. El cuadro de Unai acepta que le lleguen porque él llega más. No ve con malos ojos que los rivales le generen peligro porque él es capaz de infligir un daño mayor. El himno de la Champions, sin embargo, traerá consigo en primera instancia a Cristiano Ronaldo, Bale, Benzema, Isco o Luka Modric, y en segunda -si la hay- a Messi, Lewandowski, Agüero, Luis Suárez, De Bruyne, Alexis, Dybala, Salah, Hazard o Harry Kane.

“El cuadro de Unai acepta que le lleguen porque él llega más. No ve con malos ojos que los rivales le generen peligro porque él es capaz de infligir un daño mayor”

Cabe imaginar, por lo tanto, que Emery ambicione en Europa más seguridad de la que exhibe en casa. Viendo el incomparable potencial de su equipo al contraataque, con quizá los dos delanteros más preparados para ello, una forma de lograrlo y, a la vez, potenciar una de sus grandes virtudes, pasaría por reforzar su repliegue, reducir las concesiones con las que transige en liga, y dar forma a un armazón rocoso contra el que rebote el balón antes de salir disparado hacia la portería contraria. Otra, atendiendo a lo ofrecido hasta la fecha por la zaga parisina y a la ausencia en su plantilla de un cierre contrastado por delante de la defensa a excepción del mencionado Motta, podría llegarle desde una mayor capacidad para protegerse con la pelota. Desde el hallazgo de un nuevo acompañante para Verratti con quien el italiano no corte la relación después de intercambiarse el primer pase. Las dos soluciones que a lo largo del curso le ha propuesto el equipo al italiano de forma más repetida han sido un lateral derecho tan especial como Dani Alves y una estrella tan protagonista como Neymar. Cerrándose ambos, uno llegando desde abajo y el otro viniendo desde arriba, le han servido al PSG para abrigar un mediocampo muchas veces desvestido.

“recientemente han llevado a Unai Emery ha experimentar con otras posibilidades. La más llamativa ha sido la ubicación de Giovani Lo Celso como mediocentro”

No obstante, la constatación de que, con 34 años, la participación defensiva de Alves puede dejar a deber, y la necesidad de que Ney no se aleje más de la cuenta de donde las diferencias deciden partidos y títulos, recientemente han llevado a Unai Emery ha experimentar con otras posibilidades. La más llamativa ha sido la ubicación de Giovani Lo Celso como mediocentro, ejerciendo las labores del hombres más retrasado del mediocampo. Presente con balón y eficaz en el ritmo, el argentino ha permitido a Verratti contar con un aliado con quien repartirse el espacio y las tareas. Escalonados o uno al lado del otro, pero nunca demasiado lejos entre ellos. Por último, en invierno arribó al Parque de los Príncipes el trotamundos Lass Diarra, un hombres conocedor de la demarcación y que ya en las filas del Marsella se mostró a un nivel que al actual PSG le iría de maravilla. Seguro en el pase y natural en la posición, si el físico le acompaña puede ser una llave que Emery guste de utilizar. Por lo visto en la Copa de Francia ante el Sochaux, su encaje no será automático, pero si sale bien Verratti encontrará el tipo de acompañante que puede necesitar en Champions.

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