El Athletic lleva ya varias temporadas con problemas evidentes para generar en estático. Valverde sacó petróleo de una plantilla con más corazón que juego tras la marcha de Ander Herrera, con una presión alta, segundas jugadas y mucha insistencia, no obstante, el equipo no obtenía regularidad en la temporada, debido a que si el físico no acompaña, el juego se resentía. Siempre fue preciso un estado físico óptimo, para poder contar con la efectividad de una presión que tuviera sintonía y permitiera robar en campo rival.

Ziganda y el nuevo estilo

Realmente, Ziganda cuenta con las mismas piezas, pero las funciones que les da a sus futbolistas, son muy distintas a las de la temporada anterior. Su llegada tuvo un cambio en aspectos diferenciales hasta ese momento, uno de ellos fue esa presión. El técnico navarro optó por replegar en bloque medio, en 4-4-2, con una presión tímida de los dos puntas. La presión fuerte pasa cuando el rival abre el balón a los laterales. En los inicios, tuvo su efecto, con un equipo que no encajó goles en los tres primeros encuentros y que físicamente, se desgastaba menos.

El juego no fluye

No obstante, cuando el rival repliega, llegan los problemas. El centro del campo no es capaz de romper líneas rivales y se busca constantemente el envío largo, donde hay serias dificultades para conectar con 3/4. Jugadores como San Jose, Beñat o Iturraspe no han logrado darle al equipo una marcha más y dinamismo al juego, no han logrado romper líneas rivales, con lo cual todo esto se puede traducir en un juego plano, sin profundidad alguna y absoluta previsibilidad.

Debido a este bajón en sus prestaciones, las transiciones ofensivas del Athletic siguen sin tener la efectividad deseada, y con el hombre más rápido de la liga en sus filas, Iñaki Williams, resulta paradójico que no se encuentren espacios y el equipo gane metros respecto a su rival, pero lo cierto es que los envíos no tienen la calidad y precisión necesaria en muchos casos, para llevar dichas transiciones a buen puerto.

La principal baza ofensiva en los encuentros iniciales de la temporada, ha sido un Muniain muy voluntarioso, que baja a recibir y sube la pelota, siendo el único jugador que genera superioridades, espacios y dudas en el rival. Con su lesión, el Athletic perdía ese factor diferencial. Iñigo Cordoba, joven extremo del filial, hacia una llamada a la esperanza y se echaba al equipo a las espaldas, pero sus carreras en solitario quedaban en nada. El equipo no acompañaba sus acciones y al final, se veía envuelto entre varios rivales, perdiendo el balón.

Las individualidades se suman a la mala dinámica

A la mala dinámica del bloque, hay que sumarle el mal momento individual de alguna de sus piezas, futbolistas que en años anteriores habían resuelto la papeleta, siendo determinantes en los encuentros e influyentes en el juego. La principal, Aduriz. El delantero Donostiarra ha empezado ese declive evidente que acabaría llegando en algún momento, suma al juego siempre con su carácter, garra y su autosuficiencia a la hora de bajar balones y descargar para sus compañeros, pero lo cierto es que, en los últimos años, las aspiraciones del Athletic pasaban principalmente por él y por sus goles, y esta temporada, su cifras han bajado.

Ante este nuevo contexto, al Athletic ya le cuesta generar ocasiones, pero todavía le cuesta más marcar goles. El sistema no ayuda, pero carecen de jugadores que logren darle al equipo superioridades arriba, acumulen rivales y generen espacios.

En términos de generación de juego, las lesiones de Beñat, la irregularidad de Iturraspe, que no ha vuelto a ser ese timón en el centro del campo que enamoró con Bielsa y el primer año de Valverde, más el bajón de San Jose, un futbolista con gran lectura en el pase para el juego entre líneas, no han ayudado a un Athletic que se atasca constantemente en zona de pivotes.

La actitud de los jugadores

Con Valverde el equipo no enamoraba, el centro del campo sufría en muchas ocasiones los mismos problemas, pero se veía una actitud diferente en el campo, más garra, intensidad, algo que le ha dado muchos puntos al Athletic en las últimas campañas y que se podía asociar al equipo, tenía una seña de identidad. Con Ziganda el Athletic parece carecer de un plan claro de juego y de automatismos.

Esa capacidad de robar alto, con laterales que doblan, se ha perdido. Los laterales, De Marcos y Balenziaga, siempre ha sido muy ofensiva, jugadores con mucha caja para subir y bajar, que doblan y aportan profundidad al equipo en ataque, han desaparecido. De Marcos por lesiones de larga duración y Balenziaga con problemas físicos puntuales, no han sumado al bloque su particular grano de arena, y sus sustitutos, Boveda y Saborit, no han cumplido con las expectativas, pero más allá del rendimiento, el problema ha sido la actitud que el entrenador ha decidido darles, en este caso, bastante más conservadora.

Ziganda reconoció no saber motivar la bloque en los momentos más difíciles de la temporada, uno de ellos, la eliminación en Copa del Rey ante el Formentera. Lo cierto es que el factor psicológico se ha adueñado también del Athletic en muchos casos, el equipo está nervioso cuando se acerca el rival. No se contextualiza cuando saltar al rival o cuando aguantar, los nervios se adueñan de una zaga que hace aguas en muchos momentos con errores de marca, sobretodo dentro del área.

En búsqueda de soluciones

Ziganda trató de revertir el rumbo, situó a tres futbolistas en el centro del campo para tratar de darle profundidad al juego. Colocó un único pivote, Iturraspe/San Jose/Vesga para buscar la fluidez y tener una brújula. En algunos momentos, el dibujo fue de 4-1-4-1. En posición más de centrocampista, pese a situarse en zonas de interior en muchos casos, Mikel Rico, un jugador de ida y vuelta, alguien que rompa desde segunda línea, que ayude en las transiciones y que haga de enlace entre el centro del campo y la zona de medias puntas.

Trató también de colocar un jugador que de clarividencia al juego interior en 3/4, Ziganda probó con Aketxe, pero el joven mediapunta tiene poca incidencia en el juego, no busca el balón ni arriesga todo lo que debería en sus acciones. La segunda idea fue Susaeta, quien mejor encajó en el sistema y mejor resultado dio en la toma de decisiones. Llegó incluso a recuperar ideas de antaño, y colocó a De Marcos en zona de media punta, buscando profundidad, pero no dio clarividencia y precisión al juego en estático y se perdían muchos balones.

El juego mejoró en fluidez e ideas con Susaeta, pero renunciar a Raul Garcia, era un lujo demasiado caro para Ziganda, quién apuesta por él al 100%. Es cierto que el estado de forma del navarro no es el mejor, pero su carácter, actitud y calidad, son un plus en un Athletic en horas bajas y falto de gol, que veía mejoría en la imagen, pero no en resultados.

Por lo tanto, Ziganda decide colocar a Susaeta-Williams en banda y a Raul Garcia por dentro, con Mikel Rico ya si, haciendo funciones más de centrocampista en el doble pivote. Volvía Ziganda a un 4-2-3-1, pero con Susaeta viniéndose mucho hacia dentro, para seguir aportando ese criterio al juego interior y Mikel Rico aportando su físico en la ida y vuelta, dándole dinamismo al juego.

Otro cambio importante de Ziganda, es el de colocar en los encuentros como visitante a Williams como referente en lugar de Aduriz, tratando de encontrar transiciones rápidas, pero de nuevo, el equipo no consigue sacarle el máximo provecho al veloz delantero. Los balones que le envían no llegan a buen puerto, son balones largos sin ningún tipo de idea visible, que no genera demasiado peligro al equipo rival. El equipo está visiblemente desarticulado, no logran automatizar, ni causar incertidumbre en la zaga rival.

Las sensaciones que ha dejado Ziganda hasta ahora, son que un equipo medio, bien replegado, puede hacerles frente sin sufrir en exceso, ante esta excesiva previsibilidad.

La situación parece tener una difícil solución

Llegados a estos extremos, en este tramo de la competición, donde el equipo sigue sin transmitir nada y se encuentra en tierra de nadie en la clasificación, tras ver diferentes cambios de sistema e intentar darle otras funciones a los jugadores, la conclusión es que el problema claro es de propuesta, de forma de juego, no de sistema. Ziganda no arriesga, Urrutia, paciente con la situación no ha puesto sobre la mesa todavía la cabeza del entrenador navarro, pero si la situación sigue así, con una única bala, la Europa League, podría ver como su camino y el del club que le vio triunfar como futbolista, podrían separarse.