Cae la noche en uno de los suburbios parisinos. El verano terminó hace días y el frío cada vez se nota más en Bondy, uno de los banlieue parisienne. Un grupo de chavales con ropa y botas de fútbol desfilan hacia sus vestuarios tras completar una de las primeras sesiones tras las vacaciones estivales. El entrenador del grupo, Wilfried, discute cariñosamente con uno de sus pupilos. Uno de ellos, más bajito que la mayoría porque nació a finales de diciembre, le pide seguir un rato más jugando. El pequeño está obsesionado con el fútbol. Su vida gira en torno a la pelota. “No Kylian, no te puedes quedar más tiempo. Ya es tarde y tienes que dormir bien. ¡O es que quieres empezar sin fuerzas tu primer día!”, le argumenta Wilfried. Es apenas un niño, pero entiende que esa guerra está perdida: su entrenador tiene razón. Después de soltar un pequeño gruñido, más de resignación que de enfado, Kylian Mbappé comienza a alejarse corriendo. “¡Está bien!”, grita l’enfant para despedirse de su entrenador. “Te espero en casa, papá”.

En septiembre de 2011, el pequeño Kylian Sanmi Mbappé Lottin (París, 20 de diciembre de 1998) aún no lo sabe. Se lo imagina, sueña con ello, pero no es consciente de lo que vendrá en el futuro. De que se le da tan bien lo que sabe que se le da bien. Desde que empezó a entrenarse con los benjamines del AS Bondy, a las órdenes de su padre, se lo hicieron notar. Lo suficiente como para haber viajado hasta Londres y haber pasado una prueba con el Chelsea dos años atrás.

Como Henry, se crió en las afueras de París, pasó por Clairefontaine y debutó en el Monaco

Al día siguiente el pequeño Kylian comenzó una nueva etapa como integrante del Centro Técnico Nacional Fernand Sastre. Ahí, en el lugar más conocido como INF Clairefontaine, uno de los doce centros de alto rendimiento que posee la Federación Francesa a donde van los mejores jugadores de edad cadete que viven en la región de la Île-de-France, la misma en la que se encuentra París y todos sus banlieue [suburbios]. Mbappé imitará los pasos de anteriores niños como Henry, Anelka o Ben Arfa. Su vida va a cambiar. Entre semana, dormirá en Clairefontaine, por las mañanas irá al instituto Lycée Louis Bascan en la cercana localidad de Rambouillet, y por las tardes entrenará durante en el complejo deportivo donde se ejercita la selección francesa absoluta. Los fines de semana, eso sí, podrá regresar con la familia y jugar con su respectivo club.

Durante su formación en Clairefontaine, los mejores clubes llaman a la puerta de Wilfried y Fayza, los padres de la criatura. Su hijo gusta tanto que hasta Zinédine Zidane,  que ya trabaja en el Real Madrid y va a firmar a otra joven promesa gala como Raphaël Varane, trata de convencer a la familia Mbappé Lotin para que firme de inmediato con el Real Madrid. Incluso, pasará una semana en España, en diciembre de 2012, conociendo el interior del club blanco y conociendo a sus ídolos. Su madre Fayza, ex-jugadora de balonmano, explica que su hijo es muy pequeño para irse fuera de Francia. Descartados los equipos foráneos, parece que será el SM Caen quien se llevará a la joya, el Stade Rennais también está cerca, pero al final es el AS Monaco quien logra hacerse con su ficha en 2013. Ambos aciertan de pleno. Mbappé debuta en Ligue 1 en diciembre de 2015, noches antes de cumplir 17, justo ante el SM Caen. Su primer gol lo celebra el 20 de febrero de 2016 ante el Troyes (17 años y 62 días). En ambos casos, supera el registro de precocidad del club del Principado en los pies de Thierry Henry.

Después de la primera toma de contacto con el mundo profesional, el chico gana junto a Lucas Tousart, Amine Harit, Marcus Thuram o Jéan-Kevin Augustin el europeo sub-19 en tierras alemanas. Tomàs Martínez Pés, periodista de Marcador Internacional, quien siguió in situ la cita en Alemania, nos cuenta qué, cómo y quién fue el bondynoiss en aquel torneo de 2016: “En ese Europeo sub-19 [Mbappé] jugó de extremo izquierdo. Acabó destacando tras un inicio un poco turbulento. Afinó su juego y Francia lo potenció mucho. Marcó varios goles (5), la mayoría de ellos en jugadas que empezaban en la derecha y en las que él aparecía en zona de remate. Siempre era la misma, pero nunca lo detectaban”.

“Luego, era desequilibrante en el regate. Cuando recibía en situación de uno contra uno se iba casi siempre. Sobre todo por velocidad. Salía por los dos perfiles con su conducción, que en una primera impresión no siempre era la más limpia, pero incluso cuando se iba hacia la izquierda le daba tiempo a ganar la posición por su rapidez. Y después al contragolpe era devastador. Tampoco se le exigía combinar mucho, porque Francia ganó casi todos sus partidos con holgura y jugó muchos minutos con el marcador a favor, con espacio para correr“, recuerda Tomàs Martínez.

En líneas generales, ese sigue siendo Kylian casi dos años después. Sigue teniendo físico de adolescente (implicando efectos negativos en su resistencia), por lo que sigue teniendo un gran radio de mejora, tanto física como técnica y tácticamente. Sin embargo, no es el mismo niño que llegaba a Valdebebas para fotografiarse con Cristiano Ronaldo. En sus espaldas estuvo gran parte del éxito del AS Monaco de Leonardo Jardim campeón de Ligue, finalista en las dos copas y con gran papel del en la Champions 2016/17. Antes de finalizar la pasada temporada, debutaba con la absoluta de Les Bleu y se convertía en el segundo jugador más joven en debutar con la selección tras Maryan Wisniewski (1955). Su presencia en el próximo Mundial de Rusia, al que llegará con 19 años, está más que asegurada.

Emery y el PSG le plantean nuevas preguntas

En el año de su asentamiento a la élite, Mbappé abandonó la banda para ocupar la doble punta junto a Falcao en el 4-4-2 de Jardim. Este sistema le permitía libertad defensiva, así como el juego del equipo le facilitaba que siempre encontrase espacios para correr en las transiciones. Exactamente, le pedía que hiciera lo que mejor sabe hacer. Cuantas más veces mejor. Flotaba por todo el ancho del campo, cayendo preferentemente a la banda izquierda, pidiéndola al pie pero sobre todo picando las espaldas de los medios y defensores. Con balón se aprovechaba de su espectacular potencia, cambio de ritmo y velocidad para dejar atrás los marcajes. Finta y recortes de gran agilidad a máxima velocidad para un regate más efectivo que ortodoxo, más veloz que técnico.

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Sin balón, directamente es de los mejores del continente. Busca recibir medio girado o de cara a portería y lo más lejos posible de los defensores. En el arte del desmarque y la búsqueda de espacios, fuera o dentro del área, Kylian es un prestidigitador. Se aleja de sus marcadores, amagando un desmarque de apoyo para zambullirse a la ruptura, picando las espaldas de los defensas, leyendo bien la línea de fuera de juego, casi como por intuición. Entiende muy bien la ley de los desmarques. También la de las fintas, de los amagues y de los engaños. No solo eso. Es capaz de acompañarlo de carreras lateralizadas, siempre teniendo presente la ecuación balón-portería para tener buena postura en el momento de recibir. Todo ello le permitía siempre no tener que controlar antes de disparar: 17 goles de 26 en su etapa monegasca fueron al primer toque.

Ahora, en París, Emery ha matizado su posición y su juego. Por cómo afronta el PSG los encuentros, es lógico que Mbappé tiene menos galopadas que completar, pues el club capitalino aglutina mayor posesión, sobre todo en campo rival. Además, ha vuelto a la banda, esta vez a la derecha, para encontrarle un hueco junto a Neymar y Cavani en el 4-3-3 del técnico de Hondarribia. Sin embargo, esto no implica que Kylian pase los 90 minutos pegados a la línea de cal. Así suele empezar los partidos, bien estirado y abierto. Pero con el desarrollo del encuentro, Neymar tiende a ocupar la mediapunta y hacer labores de Messi, y Mbappé, según cómo discurra el partido, carga el área junto a Cavani o se suma al circuito de pases si ve que no le llegan balones.

“Mbappé en el Monaco jugaba de segundo delantero. Cuando hablamos antes de que llegase Neymar pensamos en situarle en la banda izquierda; una vez que llegó Neymar, pensamos en la banda derecha y en un momento dado jugar de delantero centro. En la primera vez que fui a ver a Francia, Deschamps le puso 20 minutos en la banda derecha [ante Holanda]. Y dije “¡Madre mía, este chico la va a romper!”, Unai Emery.

No se vislumbra que vaya a poder organizar los ataques al estilo de su compañero Neymar, pero sí es cierto que cada vez conecta mejor con sus compañeros, algo en lo que debe mejorar. En el Monaco o picaba a la espalda del central para encarar la portería, o salía a banda aprovechando que Lemar y Bernardo Silva interiorizaban su posición, para completar una jugada personal desde los extremos o, bajaba a recibir (en menor medida), a la espalda de los mediocentros visitantes, para encarar, con ayuda de paredes o en solitario, la última línea rival. Ahora debe aprovechar el contexto, con Dani Alves y Verratti en su misma banda, teniendo a veces cerca a Neymar, Rabiot y compañía para crecer en capacidad asociativa. De hecho, las cifras goleadoras y de asistencias son muy similares. Por ahora es más individual que colectivo en este jugador de quien podría decirse que si un guepardo se hiciese futbolista, se parecería a Mbappé. Atrevido, rápido y letal.

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¿Se parece Mbappé tanto a Henry?

Arsène Wenger llegó a decir que Mbappé era similar a Henry, pero que el ahora delantero del PSG tenía que hacer valer su condición mental. Probar si es un gran campeón como lo era Thierry. Aparte, su trayectoria vital (nacido en un suburbio de París) y deportiva (Clairefontaine, AS Monaco, récords de precocidad), junto a su posición, su pie preferido, la apariencia física e incluso el golpeo con el interior provocan que la comparación salga de manera natural. Sin embargo, Mbappé no es ni mucho menos un calco de Thierry. A bote pronto, tres diferencias. Primero, la calidad del ex-gunner era mucho más depurada. Segundo, la zancada era más amplia si cabe en el campeón del mundo (Mbappé es más Ronaldo Nazário en sus arrancadas, que tampoco es mal molde). Y tercero, la técnica de golpeo de Henry, unido a la cadena cinética de sus piernas, provocaban que los disparos de interior pudieran ser más potentes.

“Tiene una personalidad que yo hacía mucho tiempo que no veía. Tiene unas piernas enormes y unas condiciones para marcar la diferencia… Porque él coge el balón y sabe que tiene la capacidad de desbordar al rival como algo natural. Él lo siente. Él coge el balón y dice: Yo voy a salir por aquí y me voy”, Unai Emery.

Con 19 años recién cumplidos, hay algunas realidades que son predecibles. Su masa muscular crecerá así como aumentará la comprensión del juego facilitando que no desaparezca tan a menudo del guión, que le permita ser más constante. Es muy pronto para que la pérdida natural de velocidad le arribe o que sus ganas de trabajar para ser el mejor decrezcan. Además, en el PSG se ha rodeado de grandes pasadores en todas las líneas, lo que supone una bicoca para un trabajador de espacios tan formidable. Desde Thiago Silva a Dani Alves, pasando por Verratti, Rabiot y, sobre todo, con quien puede hacer una sociedad tan duradera como déspota: Neymar Junior. Si al equipo parisino nunca se le terminó de tomar en serio en Europa, aunque solo fuese por el paulista y l’enfant que vuelve a su tierra uno empieza cambiar su percepción. Al fin y al cabo, entre los dos solo suman 500 millones de euros. Y por el rendimiento que llevan, al final saldrán baratos.