En el fútbol hay casos curiosos en los que, más allá del cambio natural por el paso de los años, determinados jugadores experimentan transformaciones completas en su físico en un corto espacio de tiempo. En este sentido, sobran los ejemplos. Uno bastante representativo es el del atacante uruguayo Luis Suárez. Antes de fichar por el Liverpool en enero de 2011, había muchas dudas de que el charrúa pudiera jugar como delantero centro en la física Premier League. Años más tarde, se ha tornado absolutamente impensable que el cuerpo de Suárez debiera estar en otro sitio que no fuera el área y sus cercanías, todo esto dentro de la más absoluta élite del balompié mundial. Hablando de otro punta, el sueco John Guidetti de ahora no tiene absolutamente nada que ver en su fisionomía con el chico que despuntó transmitiendo grandes sensaciones con el Feyenoord hace seis primaveras.

“El cambio físico de Memphis Depay, y por consecuencia de su nivel-potencial, empezó todavía en el fútbol holandés”

También procedente de la Eredivisie, otro nombre que puede entrar en el mismo debate es el protagonista de este artículo: Memphis Depay. Después de despuntar con las selecciones inferiores de Holanda en 2011, el extremo izquierdo causó un gran impacto a partir del momento de su debut en la primera división de su país. En 2014, con 20 años recién cumplidos, Depay ya era probablemente la mayor estrella de la liga holandesa y completaría una gran campaña en el Mundial de Brasil bajo el mando del experimentado entrenador Louis van Gaal, que le ofreció un espacio que fue correspondido con dos goles y una asistencia en solamente 174 minutos sobre los terrenos de juego. En aquél momento, Memphis era considerado uno de los grandes talentos de todo el planeta y sus logros hablaban por si solos. Fueron 24 goles producidos en su primera temporada completa en Holanda siendo jovencísimo.

“Se esperaba que Memphis se consolidase como uno de los mejores y más amenazadores jugadores en conducción del planeta”

Pero el caso fue que Depay decidió quedarse un año más en la Eredivisie después de su explosión y fue ahí que las cosas empezaron a cambiar. La primera versión de Memphis, aunque siempre estuviera enfocada al gol, se trataba de un extremo rapidísimo que tenía una brutal capacidad para eliminar rivales en conducción, tanto que se había ido hasta los 3.2 regates por partido en 2013-14. Por otro lado, ya a partir de su segunda campaña completa con el PSV Eindhoven, su número de engaños ha tenido un bajón al mismo tiempo en que sus cifras goleadores se incrementaron: menos 0.5 regates de media con 36 anotaciones producidas. Finalmente llegaba el momento del salto a una de las principales ligas de Europa para el mayor talento que ha surgido en su país en esta década. El holandés llegó al Manchester United para ser entrenado por el mismo Van Gaal con un cartel de absoluta estrella del futuro.

“El Lyon no le está pidiendo mucho más que pegada en los metros finales, cosa que Depay todavía puede ofrecer”

Pero la realidad ha sido muy distinta. En la Premier League, el físico de Depay terminó de cambiar por completo. Del regateador con una brutal amenaza en conducción que se esperaba una confirmación definitiva no restó nada. Memphis había perdido velocidad, aceleración, agilidad y elasticidad. Su juego se caracterizaba por eliminar rivales con el balón controlado para luego sacar a relucir su brutal capacidad rematadora. El problema fue que el holandés, sin cumplir las 22 primaveras, ya no superaba a nadie en duelos individuales mientras no podía activar su pierna diestra en la búsqueda del gol. El fracaso fue rotundo. En esto ha aparecido el Lyon en su vida. En Francia las cosas no cambiaron, pero el todavía joven está encontrando un escenario oportuno para demostrar lo que le queda a su fútbol: la pegada. En el equipo de Nabil Fekir, son 20 goles producidos por el holandés en 2194 minutos en todas las competiciones esta temporada.