Para el Barça enero fue un mes de incorporaciones, tanto en lo que respecta a nuevos fichajes como en lo referente a futbolistas recuperados. Philippe Coutinho y Yerry Mina personifican el primer grupo, y tanto Dembélé como Samuel Umtiti, el segundo. El del central francés no es un reencuentro cualquiera. Pese a la impoluta hoja de servicios que presentó Thomas Vermaelen en su ausencia, antes de caer lesionado, Big Sam pasaba por ser uno de los zagueros más en forma del continente. El líder de la defensa culé en un inicio de curso irregular por parte de Gerard Piqué. Un futbolista clave por rendimiento e importancia. Una de las piezas maestras del sistema de juego que Ernesto Valverde ha implantado en el Barça.

Un nuevo paradigma defensivo

La llegada del Txingurri al Camp Nou ha acarreado más novedades de las que a primera vista pudiera parecer. Incluso antes de alternar el 4-3-3 con el 4-4-2, tanto el sistema como lo que desde él se desarrolla, tiene numerosos puntos de diferencia con respecto al Barça de su predecesor. La posición de Leo Messi, el extremo derecho, la función de Jordi Alba o la altura de los interiores son alguno de ellos. A nivel más general, pero también más profundo, el Barça de Valverde es un Barça de mayor control, amparado en el orden y la seguridad para no descomponerse. Se trata de un Barça que sin Neymar, ni la capacidad de intimidar al espacio que tenía el brasileño, abraza de forma mucho menos fervorosa un juego de transiciones en el que ir y venir de una área a la otra. Valverde quiere a su conjunto arriba y que, en la medida de lo posible, no tenga que correr hacia atrás. Un equipo junto en el que la presión en campo rival sea marca de agua, ya se origine ésta desde el encadenamiento de pases o empujada desde la retaguardia por el ímpetu de sus hombres de cierre.

“Valverde quiere a su conjunto arriba y que, en la medida de lo posible, no tenga que correr hacia atrás”

Probablemente no sean casuales ni las dificultades iniciales de un Piqué sin rival en área propia y que goza en escenarios de acoso, ni el paso al frente que dio Samuel Umtiti con el nuevo contexto propuesto por el Txingurri. Uno en el que la anticipación y el corte le ganen a la contemporización, y en el que gestionar grandes espacios a la espalda sin mover de sitio la línea defensiva vuelven a formar parte del día a día de los centrales culés. En este sentido, Umtiti fue durante los primeros pasos del Barça de Valverde, lo que Piqué representó la mayor parte de tiempo en el de Luis Enrique. Un jugador contagio, que desde la tranquilidad de un escenario conocido y que lo potencia, genera a su alrededor el clima de serenidad y confianza necesarios para el resto. El pilar en el que apoyarse. El compañero que no va a fallar.

“Umtiti fue durante los primeros pasos del Barça de Valverde, lo que Piqué representó la mayor parte de tiempo en el de Luis Enrique”

Ser central en la banda de Jordi Alba

Más allá de cuestiones jerárquicas, Umtiti tuvo desde el comienzo un lugar preponderante y de enorme responsabilidad en plan de Valverde. Sin extremo izquierdo que ocupara de forma fija el perfil zurdo, y quedando el lateral como principal puñal por ese costado, del galo sería el encargo de administrar defensivamente todo el espacio que las necesarias y productivas ascensiones de Jordi Alba concedieran al rival. Con balón, el Barça juega con un lateral convertido en delantero, y el jugo que tanto Messi como el resto del equipo sacan de su presencia adelantada, invitan a no ponerle cortapisas a su enorme influencia en el último tercio de campo. Detrás suyo, sin embargo, la cantidad de metros a disposición del adversario a la hora de ejecutar la transición defensa-ataque, es muy notable, quedando el central izquierdo como el principal tapón que debe cerrar la vía de agua. Umtiti fue capaz de ejecutarlo con naturalidad, sin lamentar la exposición y transformando un escenario comprometido en una posibilidad de mejora.

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Concretamente, con balón, tener tan desplegado en ataque a su lateral más próximo dio a Umtiti la oportunidad de convertirse en protagonista de una zona más amplia. En un perfil izquierdo de mucho peso en el juego, Samuel fue encargado de llevar el esférico hacia adelante, luciendo lectura, confianza y una creatividad técnica muy desarrollada para superar las presiones contrarias con golpeos de lo más variopintos. Además, Jordi Alba, abierto y adelantado, le habilitó constantemente una opción de pase hacia la punta izquierda, una salida exterior cuando el rival trata de reducir espacios por dentro, y la forma de hacer avanzar el cuero a la espalda de una de las líneas de presión del oponente. En el Barça de Valverde, el lateral abre el campo y el central toma el peso en el inicio del juego, una idea que tanto Umtiti primero como Vermaelen después han hecho viable.

El trampolín del interior izquierdo

De la reformulación del carril zurdo del Barça bajo la mano de Valverde, no se ha librado ninguno de sus integrantes. El extremo ya no existe, el lateral cumple como si lo fuera él, el central ha tomado el mando a su espalda y el interior se ha cambiado de escalón con su homónimo de la otra banda. Si los últimos años el conjunto azulgrana había visto a Iniesta vivir más próximo a Busquets, mientras Rakitic se adelantaba en dirección a la frontal o a una posición de banda, este curso el reparto ha cambiado. Ahora Ivan es el escudero del mediocentro, el futbolista que fija y da apoyo, a veces, incluso, con aspecto de doble pivote, descargado por el extremo derecho de la tarea de abrir el campo y con Messi haciéndose dueño de la corona del área. Por su parte Iniesta, antaño aliado en la base de la jugada, hoy proyecta su influencia hacia el pico izquierdo del área grande, como socio de Leo, receptor del pase atrás de Jordi Alba desde el extremo y aliado de la ocasión de gol en los últimos metros. Una suerte de cuadrado en el que Busquets y Rakitic forman la base y el capitán y el 10 la parte de arriba.

“Con Valverde, el extremo ya no existe, el lateral cumple como si lo fuera él, el central ha tomado el mando a su espalda y el interior se ha cambiado de escalón con su homónimo de la otra banda”

Así pues, si Alba ha abierto hacia la banda un nuevo espacio para el central, Andrés ha hecho lo propio por delante. Con el 8 moviéndose a la espalda del mediocampo rival, el ataque culé es una invitación para que el acompañante de Piqué gané metros y se instale a la izquierda del pivote. Para que, en ataque, cierre como un disimulado interior. Para que genere superioridad numérica, esté cerca del corte en caso de tener que interceptar un contraataque, y administre desde el pase la dirección del juego en su sector. Umtiti demostró la inteligencia y el instinto futbolístico como para surtir a Jordi Alba, Iniesta y Luis Suárez desde una conquistada posición teórica de centrocampista, jugando con la conducción para atraer rivales y abrir caminos que lleven hacia sus compañeros. Cuando se cuenta con el pie izquierdo de Umtiti, todo lo que se necesita son alternativas hacia las que servir el cuero, y el sistema de Valverde, desde un comienzo, se las proporcionó. Pensando en la aclimatación al interior de un Coutinho que todavía es medio delantero, recuperar a un central que pueda ser medio interior, se antoja como una noticia tan extraordinaria como oportuna. Valverde vuelve a contar con una parte esencial de su plan.

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