La salud del fútbol francés en categorías inferiores en buena. Más allá del subcampenato en la Eurocopa de los mayores, o más bien la consecuencia de lo siguiente, los bleuets vienen obteniendo buenos resultados con diferentes generaciones. La generación de Pogba y Umtiti fue campeona del mundo sub-20 en 2013. La sub-19 de Mbappé y Tousart lo fue de Europa en 2016. Y un año antes, con el protagonista de este artículo en el once titular de la sub-17, también resultaron campeones del europeo en edad de cadetes. De forma misteriosa, el único borrón se encuentra con la sub-21 ya que desde 2006 no se han clasificado para ninguna fase final europea (solo 8 países disputan el torneo bianual). No obstante, nadie pone en duda el buen trabajo del fútbol formativo francés y el éxito de los doce centros de tecnificación que tiene repartidos la Federación por el suelo francófono, con el de Clairefontaine como el más famoso.

Esta cascada de talento repercute en el nivel de la absoluta. El bendito problema del seleccionador de los Bleus, Didier Deschamps, es que siempre tiene que dejar fuera de las convocatorias a piezas que serían indiscutibles con otros combinados. Para muestra, un botón: a la última llamada en noviembre faltaron nombres como Zouma, Laporte, Sidibé, Lemar, Pogba, Bakayoko, Payet o Gameiro; aparte de los lesionados Kanté, Dembélé o Benjamin Mendy. Y el nivel no bajó pues empataron en Colonia ante Alemania y ganaron a Gales. Frío resultadismo aparte, esto provoca que la entrada del embudo para llegar a la selección nacional sea más estrecha, angosta y ceñida. Capaz de explicar por qué un central titularísimo en el subcampeón alemán y con experiencia en Champions League como Dayotchanculle Oswald Upamecano no haya sido llamado nunca por Deschamps.

Hasta ahora, no ha ido ni con la Absoluta ni siquiera con la sub-21. Con la sub-17 fue campeón de Europa.

El chico de Évreux no lo tiene sencillo tampoco por los rivales en su puesto. La lista de centrales que maneja Deschamps es tan larga como impactante: Varane, Umtiti, Koscielny, Zouma o Laporte son solo algunos nombres. Un futbolista nacido en octubre de 1998, que no había nacido todavía cuando Zidane levantó la Copa del mundo en Saint-Denis, ha de tener paciencia. Sin embargo, es cuestión de tiempo que el chico nacido en el departamento de Eure, en la norteña región de Normandia, llegue más pronto que tarde a compartir vestuario con los Rabiot, Griezmann, Lacazette y compañía. Porque su tierna edad, apenas tiene 19 años, no tapa sus facultades. De hecho, las resalta aún más por impropias.

“Para alguien con 17 años, juega con mucha calma y es muy poderoso”, Óscar García Junyent, en 2016, cuando le entrenaba en el RB Salzburg

Un talento que empezó a deslumbrar en aquel europeo sub-17 disputado en 2015 en tierras búlgaras. La selección que dirigía por Jean-Claude Giuntini venció con claridad un torneo que contaba con nombres de la talla de Aleñá, Cucurella, Passlack, Breckalo o Moro. Para entonces, el cadete de padres bisauguineanos, ya formaba parte del Valenciennes FC. A la entidad de la Alta Francia aterrizó con 15 años tras pasar la infancia entre su Évreux natal, en Normandía, y Angers, en la región de los Países del Loira. Varios equipos tienen el honor de haber desarrollado la calidad de este fuerte central: Vaillante Sports Angers (2004-2007), FC De Prey (2008/09) ya en el departamento de Eure y el FC Évreux (2009-2013). Este último club tiene una gran nómina de futbolistas que han llegado al primer nivel. Ousmane Dembélé, por ejemplo, coincidió en la entidad con Upamecano durante un año, aunque no en el mismo equipo (es un año mayor el crack del Barcelona). Steve Mandanda o Mathieu Bodmer también pasaron por sus campos.

Con una de las personas más importantes en el aprendizaje deportivo de Upamecano contactó El 9 y medio. Romaric Bultel fue su técnico desde la categoría sub-12 hasta la sub-15, la última que pasó antes de marcharse al Valenciennes. Así lo recuerda Bultel: “Lo conocí cuando Dayot tenía 11 años. Era un chico calmado, reservado, respetuoso, disciplinado y adorable; más grande que el resto. Para mí era como un hermano pequeño. Lo acompañé a pasar el reconocimiento y a firmar cuando el Valenciennes le fichó. Estamos muy unidos. Ahora nos vemos menos, pero seguimos en contacto por teléfono. Es un orgullo para mis ojos”.

“Es un jugador muy poderoso, muy rápido, fuerte en los duelos y bueno técnicamente”, Romaric Bultel, entrenador de Upamecano entre los 11 hasta los 15 años.

La definición de Bultel es más acertada que corta. Su 1.85m de altura combinado con sus más de 80kg le hacen ser un defensa opulento, de esos que son muy difíciles de superar en luchas corporales y por alto. Esa constitución no le hace ser lento. Si acaso, sí da la sensación de ser pesado en los primeros metros de la carrera, tras el giro de cadera. Como una alud de nieve, gana velocidad según avanza en la carrera (alcanza los 34km/h). Por eso, puede tener problemas ante jugadores con el centro de gravedad bajo y virajes veloces, pero si empieza la carrera a la par que el rival, es insuperable. Sabe posicionar su cuerpo durante la carrera para estropear la jugada al rival ganándole el espacio. Además, es paciente a la hora de lanzarse al suelo o meter la pierna. Si Upamecano mete la pierna o hace un tackle, las opciones de éxitos son muy elevadas. Casi garantizado.

Dayot llegó a Leipzig en enero de 2017, procedente del equipo de la Red Bull en Salzburgo, Austria. Robert Michael – AFP

Esta paciencia, con 19 años, no es fácil de ver; y menos en un central. Otros defensores analizados anteriormente pecan de lo contrario. El jugador del RB Leipzig, en cambio, es sosegado tanto a la hora de defender como a la hora de tener el balón en los pies, pues no se altera ante la presión rival. Su técnica tampoco no es nada del otro mundo, aunque para ser central es más que correcta. Lo mejor es que a su pose de calma une la virtud de descubrir el hombre libre por detrás de las líneas rivales. En el equipo de Ralph Hasenhüttl no es algo fundamental, pues los centrales solo tienen que enviar el balón a los laterales para que la salida sea por banda, pero el ebroïcen tiene mayor protagonismo con el balón que sus compañeros en la zaga (Orban o Konaté). Se adivina una conducción pesada pero más fiable que torpe, pero por la manera de jugar de Die Rotten Bullen no se puede conocer. Eso sí, lo que sí consigue la manera de jugar del equipo sajón es la capacidad de defender hacia delante: Dayot está casi obligado a saltar a la presión cuando el delantero rival se descuelga entre líneas, consiguiendo que el defensa permanezca en alerta continuamente y tenga que preocuparse tanto de su espalda como de lo que tiene por delante.

A principios de febrero de 2018 solo le han sacado 5 amarillas en 36 partidos en el RB Leipzig. De media, una cartulina cada 7,2 por partido

Si fuera del área es un defensa muy correcto gracias a su potencia y lectura, dentro de ella es realmente impactante. Su fortaleza en todo balón aéreo es un seguro. Eso sí, le cuestan aún las marcas personales en los centros. De hecho, a balón parado suele ocupar una zona, frontal del primer palo o del segundo si juega junto a Konaté, y no tiene asignado ningún rival. La atracción del balón aún es más fuerte que su habilidad defensiva, algo muy común en todos los defensas: mirar el balón y olvidarse del marcaje. No obstante, por ahora está en un lugar adecuado para progresar. Titular en un equipo sin una presión social importante y que compite por títulos. La Europa League, a la que llegan tras una mala fase de grupos de Champions, parece la única posibilidad esta temporada pues la Bundesliga es imposible y en la Copa les eliminó el propio Bayern München en los penaltis. En Leipzig, Upamecano evoluciona a diario.

A la ciudad alemana de Sajonia llegó tras apenas año y medio en Austria. Tras el Europeo sub-17, el RB Salzburg ganó la puja ante equipos más poderosos (entre ellos el Manchester United) y se llevó al normando por 2.2 millones de €. La 2015/16 la pasó en el filial del equipo austriaco de la Red Bull, el FC Liefering. Equipo de la segunda división (Eerste Liga) del país centroeuropeo contó con el francés para 16 encuentros. Además llegó a disputar un par de partidos con el RB Salzburg, que contaría con él de forma definitiva para el curso 2016/17, a las órdenes del catalán Óscar García Junyent con quien conocería la Europa League. Esa temporada no la acabaría en Austria y en enero ya se formalizó el trasvase entre los equipos de la Red Bull, cambiando Salzburgo por Leipzig por poco más de 10 millones de €, en un viaje común para muchos futbolistas. Tuvo que esperar hasta abril para que Ralph Hasenhüttl le pusiera de titular de manera consecutiva, cuando el RB Leipzig ya solo luchaba por el subcampeonato de la Bundesliga. Segundo puesto que logró en su primer año en la categoría.

“De su etapa en Salzburgo, recuerdo que era bastante rápido, iba bien al corte -de los dos centrales, era el que salía más arriba a por el delantero-, sufría en algunas transiciones. Sacando el balón cometía bastante errores de bulto que imagino que habrá ido puliendo. Por alto no tenía problemas porque es alto”, Antonio Aragoneses, especialista en fútbol austriaco.

Desde entonces, Upamecano se ha convertido en un bastión defensivo. Apuntado como uno de los grandes talentos en la posición, el europeo con origen africano, no obstante, aún tiene cosas por corregir más allá de esos despiste en las marcas. Aunque parezca mentira, a menudo llega a los balones divididos sin contundencia, facilitando la continuación directa o indirecta del rival. Por otro lado, su remate no debe ser poderoso en acciones defensivas, pues Hasenhüttl le prefiere en zona de rechace, más pendiente de cortar contraataques que de aprovechar su estatura dentro del área rival. Tampoco son demasiado fiables sus envíos. En la precisión del pase corto debe trabajar para perfeccionarlo; mientras que su pase largo es bastante mejorable. El problema, posiblemente, reside en su forma de golpeo. Upamecano golpea de manera seca, con el pie muy debajo de balón. Con el empeine interior casi de puntera, pero sin completar el movimiento. De esos en los que la pierna finaliza el recorrido una vez que ha golpeado el balón. Estéticamente muy bonito, pero que convierten sus pases en balones que cogen mucha altura, van muy largos y casi siempre son inalcanzables e imprecisos.

La mayor virtud que tiene, la templanza, también le ocasiona malas jugadas. Ya hemos comentado esa falta de decisión en balones divididos. También le ocurre en los despejes. A veces intenta controlar balones realmente complicados que, por la zona del campo en la que está, se convierten en muy peligrosos en caso de pérdida. También le ocurre en sus rechaces de cabeza. Intenta orientarlos hacia una nueva jugada, pero al mínimo error se convierten en regalos. Se puede decir que en algunos balones carece de contundencia y le sobra autosuficiencia. Lo mejor de esto es que Upamecano posee lo más difícil de la ecuación, aquello que es más difícil de entrenar. Algo que se tiene o no se tiene, y que en un defensa con sus aptitudes físicas le pueden convertir en uno de los mejores de la próxima década y media. Porque a sus 19 años, la sobriedad, moderación y mesura del chico de Évreux, Eure, es peculiar y emblemática. Una base sobre la que formar un tremendo defensor.