El talento es el único que puede romper la igualdad que ofrece la táctica. Y este talento, en el equilibrado encuentro entre dos aspirantes de  La Liga a arrebatar el primer puesto al Barcelona, lo puso Ángel Correa. El argentino de 22 años dejo ver en la primera parte que era una pieza valiosa, casi única, a la hora de poder girar a la defensa che. Aunque su posición partía en la banda derecha del 4-4-2, una colocación que, en palabras del propio jugador, le cuesta. Quizás por ello, acaba interiorizando más su juego. De este modo, en vez de recibir pegado a la línea de cal como Carrasco en la banda izquierda; a menudo conseguía recepcionar a las espaldas del mediocentro e interior izquierdo valencianista. Poniendo nombres a los puestos: a la espalda de Kondogbia y Latorre. Y así fue como el rosarino, recibió, viró con la velocidad que le caracteriza y le pegó como pocas veces se ven. Directo a la escuadra. Directo a la yugular del plan de Marcelino, que hasta ese momento estaba funcionando.

Funcionaba porque el Valencia llevaba aguantando una hora en el Nuevo Metropolitano. Perdónenme que lo llame así, pero no me gusta la publicidad. Como iba diciendo, el conjunto de Marcelino García Toral marchaba bien. No perfecto, pues la producción ofensiva se limitó a un remate de Zaza tras una acción a balón parado (la vigilancia de Griezmann y Sául  a Parejo tuvo mucho que ver); pero sí lo suficientemente bien como para afirmar que los blanquinegros no sufrían ante un Atlético que alineó mucha pólvora de inicio: Koke y Saúl eran los medios centros, Correa y Carrasco los extremos, Griezmann de enganche y Diego Costa en punta.

El Atlético venció un partido igualado entre dos escuadras muy similares que compartieron vicios y virtudes

Sin embargo, el ataque no fue fluido en ningún momento. En parte porque Filipe Luis sigue sin estar recuperado (Lucas Hernández cortó todo defensivamente, pero no es tan diferencial en ataque como el brasileño). Y en parte, porque el equipo che, que llegaba a seis puntos de los rojiblancos, se sentía a gusto en un replegado 4–1-1 casi idéntico al del rival. Con Kondogbia recordando su partidazo en el Santiago Bernabéu, aparentando ser ubicuo. Las diferencias estribaban en que los interiores ches siempre esperaban abiertos (Maksimovic y Lato eran chinchetas en la línea de banda), que el Valencia era mucho más estrecho que el Atlético a la hora de defender y que, además, el mediapunta rojiblanco, Griezmann, bajaba a recibir mucho más abajo que el valencianista, Santi Mina. Mientras el francés pisaba el círculo central con asiduidad, el ex-Celta recibía siempre a la espalda de Koke y Saúl; o al menos eso intentaba, pues casi siempre entre Savic primero y Giménez después desbarataban cualquier conexión con Zaza, un tanto mermado físicamente.

La espesura y lentitud de la circulación rojiblanca no ayudaba a desarbolar las dos líneas de cuatro visitantes. Solo disparos lejanos y acciones a balón parado inquietaban a Neto, que tuvo que lucirse ante un cabezazo de Diego Costa. Fue en uno de los primeros como el partido cambió a la hora. Cuando el Atlético ya había hecho dos sustituciones obligadas por la lesión de los dos centrales: Godín y Savic dejaron su puesto a Juanfran y Giménez; desplazando a Lucas al central zurdo y cambiando de lateral a Vrsaljko. Tras el gol de Correa, Gabi entró por Carrasco, mandando a Koke al interior izquierdo; y Marcelino tuvo que reformular su plan. El 0-0, en un fin de semana en mitad de una eliminatoria de semifinales de Copa, sabía bien. Además, que igual Santi Mina y Zaza (los únicos que podían ofrecer profundidad ante las bajas de Pereira y Guedes) podrían aprovechar alguna de las pocas paredes que de tanto en cuanto conseguían casi hilvanar, pues los centrales rojiblancos siempre acababan desbaratando sus opciones. Pero la derrota le obligaba a apostar más alto.

6º gol en 22 partidos para Correa que reconoció en el post-partido que le costaba “un poco” la posición de extremo derecho

Intentó que Rodrigo fuese su Correa, interiorizando sus recepciones solo que desde la banda izquierda, y también dio entrada a Carlos Soler en la banda derecha. El partido giró hacia el campo del Atlético de Madrid que sufrió durante pocos minutos achicando agua de una barca que estaba siendo bombardeada a centros. No obstante, entre Simeone, despertando a gritos tanto a su equipo como a la afición, Diego Costa con su inteligencia para mantener el esférico y la sociedad de pases cortos de Griezmann, Koke y Saúl permitieron que el agobio si bien no desapareciese, sí menguase lo suficiente. Ni siquiera Oblak tuvo que salvar al equipo. Todo ello permitió que el Atlético cerrase la jornada más cerca del líder (-9) que de los puestos de Europa League (+12). El Valencia, en cambio, suma su tercera derrota consecutiva (Real Madrid y Barcelona en Copa), pero si se consigue remontar al cuadro culé y estar en la final copera en la misma semana que debería volver su referencia ofensiva, las penas serán menos.