Juan Román Riquelme es uno de los futbolistas de culto más recordados e idolatrados de las últimas décadas en Sudamérica. Antes de Messi, fue uno de los únicos jugadores que Argentina aceptaba como digno portador de la ’10’ que había utilizado Diego Armando Maradona.

Después de salir campeón con Boca en Argentina en 2002, Riquelme llegó al Barcelona de Louis Van Gaal. “A usted lo pidió el presidente”, le dijo Van Gaal al argentino.

Posteriormente, Riquelme fue a préstamo y eventualmente compra definitiva al Villarreal del ingeniero Mauricio Pellegrini, con quien en 2006 llevó al submarino amarillo a la semifinal de la Champions League contra Los invencibles de Wenger.

Riquelme, en 2005, ya había antojado duelos de poder contra Barcelona. Con Villarreal, le brindó una noche de pesadilla a lo blaugranas con 2 asistencias y una demostración de su mejor futbol, protegiendo el balón y dictando el juego ofensivo.

En 2006, Riquelme tuvo la oportunidad de enviar a los amarillos a una inédita e impensada final con un penal en los últimos minutos del juego de semifinal contra Arsenal. En sus pies, la chance de enfrentar en Paris al equipo que lo había despechado, ahora bajo el mando de Frank Rijkaard, en un ‘showdown’ personal entre argentino y brasileño con el entonces mejor jugador del planeta: Ronaldinho. Pero falló el penal. La historia, entonces, se convirtió en solo una anécdota.

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