Cuando el Manchester United desocupó el número 7 tras la partida de Memphis Depay, se valoró realmente dentro del club quién sería el siguiente heredero. Para Old Trafford, el número pesa mucho: en el imaginario colectivo, se acostumbró a través de las décadas a ver tanto jugadores desequilibrantes, personalidades fuertes, líderes ofensivos y creadores de aquel fútbol que siempre maravilló sus gradas. Desde Best a Cantona en el paso por Bryan Robson y eventualmente la explosión de Beckham y la herencia de Ronaldo, llenaron los ojos de la mayor parte de la era Ferguson de diferentes modalidades de una misma identidad: el fútbol impredecible.

Es ya casi algo parecido a un sueño aquella fantasía de que Ángel di María sería el nuevo gran genio en portar el dorsal. Tuvo un par de momentos, como aquel golazo perdido ante un épica voltereta de Leicester un año antes de que hiciera lo impensable, casi como antojo; o la asistencia en el 1-2 del llamado ‘Juanfield’, y en los ojos de muchos fue el Riquelme de Van Gaal en el United.

Entre las voces del Streford End se comenzó a rumorar la existencia de ‘La maldición de Michael Owen‘, leyenda del Liverpool que fue el siguiente en utilizar la playera después de la partida de Cristiano Ronaldo. Owen, a decir verdad, tuvo paso bastante promedio con los Red Devils, pero sí levantó el trofeo de Premier e hizo un par de goles de importancia (de último minuto vs City, en la final de la Copa de Liga vs Aston Villa) durante su estancia.

Cuando Antonio Valencia fue asignado a ocupar el lugar de los nombres pesados de la historia del United, humildemente abdicó y volvió a su ’25’ que lo creció en lo que ahora es: el capitán del equipo.

Años después, el número 7 estuvo vacante. Se le notó extinto de imaginación, de creatividad + identidad, de dinamismo y hambre. Carente a veces de ánimo de mostrar magia, ser impredecible, excitante y, lo más importante, realmente ofensivo.

“Attack! Attack! Attack Attack Attack!” Se escucha en Old Trafford como el himno de los ‘Fergie Boys’

En una temporada en la que, a la mitad, el City parece haberse despegado demasiado ya como para ser alcanzado, Ed Woodward interceptó un balón en la línea y lo convirtió en un gol. Convirtió de lo que era un casi 3-0 en contra a un 2-1 que sigue ganando el City.

Alexis Sánchez, primeramente, hubiera hecho mucho más fuerte al City de Guardiola que ya está en una posición de mucha ventaja en cuanto a sus rivales inmediatos. Cuando el fichaje parecía casi sentenciado, Manchester United duplicó la oferta de salario que hacían los azules y ofreció a Henrikh Mkhitaryan por Alexis Sánchez. City se bajó de la puja y el camino quedó libre para los diablos.

Después de días de negociaciones con Mino Raiola, agente del armenio ex-Borussia Dortmund, se llegó a un acuerdo por un intercambio directo entre el United y el Arsenal. Y es que quizás lo que necesitan ambos jugadores son ambientes diferentes y motivaciones nuevas. Arsenal no se llevó un mal trato, especialmente si completan el fichaje de Aubameyang y mantienen a Özil.

Para Alexis Sánchez significa otra oportunidad de brillar en un equipo grande, años después de haberlo hecho en Barcelona. Claramente, esta temporada será difícil competir por la Premier, pero ciertamente el United se ha reforzado para incrementar sus posibilidades en Champions y construir algo sólido que pueda realmente competir con el City, seguramente también reforzado, de Guardiola post-Rusia 2018.

Entre los planes del United parece también venir un nuevo contrato para David de Gea y otro para José Mourinho.

Por la segunda mitad de la temporada, al menos, Old Trafford cree haber encontrado el 7 que estaba buscando. El imaginativo, diferente, el famoso ‘match-winner’, un “diferenciador”. Un hombre familiar con el número, con los equipos grandes y los contextos difíciles, un jugador experimentado y con hambre de, en sus últimos años de la élite, exprimir su último aire largo de calidad.

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