Más a favor no lo podía tener. A la hora de partido, con empate a uno, el Olympique Lyonnais sabía que le quedaban treinta minutos para aprovechar una oportunidad única de vencer al todopoderoso y tirano Paris Saint-Germain: Neymar no estaba en Lyon, Mbappé había sido sustituido en la primera parte tras un golpe con Anthony Lopes y Dani Alves acababa de ver la roja directa por sus protestas al árbitro. En la última jugada del encuentro, más de media hora después, Memphis hacía bueno ese contexto tan favorable con un disparo muy del holandés.

Sin duda, la expulsión de Alves significó un punto de inflexión. Hasta ese momento, el PSG había dominado el esférico, aunque nunca el marcador. Principalmente, porque el OL se adelantó casi antes de salir del vestuario con una falta directa en la que Aréola, guardameta parisino, sumó de igual manera que la picardía de Nabil Fekir para que en el segundo minuto de juego los lioneses fueran ganando. Es difícil saber si el gol asentó el plan de Génésio porque no hubo tiempo con 0-0 para averiguarlo, pero desde el once inicial sí daba la sensación de que reconocía la dificultad. Como en los partidos importantes, alineó un doble pivote juntando a Tousart con NDombèlé, siendo éste el nexo más claro con el mediapunta Fekir. Esto obligó a devolver a Houssem Aouar al extremo izquierdo, tras una etapa como medio centro del franco-argelino de 19 años.

Por su parte, Emery reemplazó al lesionado Neymar por Di María en la banda izquierda del brasileño y volvió a situar a Lo Celso como pivote escoltado por Verratti y Rabiot en los interiores. Aunque, como de costumbre, estos ubicaciones son totalmente transitorias pues el trío de medios del PSG rotan continuamente cuando están en fase ofensiva. Tan pronto se ve a Verratti cargando el pico izquierdo como al zurdo argentino iniciando la jugada como pivote, clarificando el juego, para después del primer pase, situarse a espaldas de los medios rivales, “mediapunteando”. De hecho, este fue un problema del juego parisino del primer tiempo. En ausencia de Neymar y hasta la entrada de Draxler, pocas veces los delanteros del PSG se ofrecieron entre líneas. Y no porque el OL no lo permitiese, aunque ayudó a que hubiera menos espacios que al principio el cambio de 4-4-2 en repliegue a medio campo a un 4-1-4-1 muy estrecho donde Fekir y NDombèlé estaban a la misma altura y al que el PSG sólo le quedaba salir por las bandas.

Tanguy NDombèlé (21) se doctora: más regates completados (6) y 94% acierto en pase en una locomotora humana. Foto: Le Parisien

Y así fue como el PSG se atragantó en una primera parte con muchas interrupciones (los tres minutos de añadido fueron pocos). Acabando la mayoría de las jugadas con centros desde la banda derecha y con balones a la espalda de los defensas. En uno de ellos, Mbappé chocó muy fuerte con Lopes y tuvo que ser sustituido a la escasa media de juego. En su lugar entró Draxler quien hasta el descanso permaneció en la banda derecha potenciando la sociedad con Dani Alves, pero que en la reanudación trocó con Di María.

Para entonces, Kurzawa ya había igualado justo antes del descanso. Un Lyon, que apenas había podido hacer daño a balón parado y arañado segundos con alguna carrera de Cornet o más bien cuando Aouar, Fekir o NDombèlé transitaban, pues Mariano no pudo ganar el juego directo ante dos titanes como Thiago Silva y Marquinhos, encajó el empate en la última jugada de la primera parte. Kurzawa había doblado internamente a Cavani, que recibía la contra abierto a la izquierda, pero el uruguayo prefirió a Rabiot. Éste aprovechó el espacio en la zona defensiva de Fekir y Aouar para poner el balón en la línea de fondo para Alves. El brasileño, sin molestias ajenas, centró al punto donde no pudo llegar Rafael, donde debía estar NDombèlé y que Kurzawa disfrutó con una volea perfecta.

La expulsión de Alves varió el signo para el PSG

La reanudación plasmó lo que ya se intuía con la entrada de Draxler. El PSG estaba jugando mejor con el alemán de “cuarto centrocampista”, neymareando, y las ocasiones empezaron a reproducirse. Empero, cuando más disfrutaban les parisiens, Dani Alvés se encaró con el árbitro escogiendo ver la roja en vez de la amarilla en el 56′. Ahí cambió la película. Entró Meunier por Di María, el PSG se colocó en 4-3-2 y sufrió el acoso en forma de presión alta (4-3-3) con fuerzas renovadas de los olímpicos.

Génésio tampoco se volvió loco en los cambios. Cambió de 9 (Bertrand Traoré) y quiso ser más dañino en el costado izquierdo con Memphis Depay. El problema fue, que como en la primera parte le pasó al PSG, con Nabil más cerca del círculo central que de la medialuna y con los extremos esperando muy abiertos, no había nadie potenciando el juego interior. El OL solo generó tres ocasiones de peligro contra 10 (saque de esquina, una recepción de Cornet abierto con gran estirada de Aréola y un disparo de Mariano tras un pase de un inmenso NDombèlé que rompió todas las líneas parisinas). El PSG aguantó la presión e incluso se permitió de enlazar jugadas escondiendo el esférico. Sin embargo, cuando todo parecía decidido, en el minuto 94, un horrible despeje de Kurzawa se convirtió en un pase a Fekir. El franco-argelino se la entregó a Memphis que realizó su típica jugada culminada con un derechazo a la escuadra de Aréola. Locura en el Parc OL.

Celebración del 2-1 | Foto: OL

Con el latigazo de Memphis, el OL se coloca a ocho puntos de su rival hoy, el PSG, que sigue siendo líder destacado de la competición (56 puntos de 66 posibles). Lo más importante, no obstante, es que vuelve a recuperar la segunda plaza (la última de acceso directo a la Champions) tras las victorias este fin de semana de Monaco y Olympique Marseille.