En 1960, el tenue y elegante bigotillo de Octavio Vial, otrora entrenador de la Selección Mexicana, había desaparecido de su rostro. Aquella jovialidad desprendida apenas unos pocos años atrás iba dejando paso a un gesto maduro y mucho más serio.

La tarde en que ese hombre apodado “La Pulga” fue presentado como entrenador del entonces modesto Club Universidad de la Segunda División, el futbol mexicano comenzó a cimentar una de sus historias más grandes.

Bajo el ‘OK’ del entonces rector de la UNAM, el laureado ingeniero Nabor Carrillo Flores, Vial transformó a los Pumas por completo. De ser un cuadro enteramente amateur, Universidad viró al profesionalismo.

El estratega se dio a la búsqueda de talento externo que complementara a los jóvenes estudiantes que conformaban la plantilla auriazul. Fue así como llegó la primera gran figura del club, el experimentado atacante Carlos Calderón de la Barca.

Con una base de jóvenes entusiastas, Vial condujo a los Pumas al título de la campaña 1961-1962, y consecuentemente al ascenso a la Primera División.

Tal vez “La Pulga” nunca lo vio así, pero su mano colaboró en la construcción del más feroz rival capitalino que tendría el equipo de sus amores: el América.

Octavio Vial fue una de las máximas figuras de los cremas como jugador, entrenador y directivo. Delantero letal, por muchos años ocupó el puesto número uno como goleador histórico del cuadro americanista. Fue en esa época cuando su bigotillo característico brilló con luz propia e hizo resplandecer a su equipo.

El destino quiso que fuese él quien condujera al Universidad a la división de honor. Pocos imaginaron la noche del 9 de enero de 1962, aquella en la que consiguieron el ascenso, que los Pumas serían el némesis natural del América en la Ciudad de México por ideología, afición y cultura deportiva.

Por si eso fuera poco, el primer rival de los universitarios en el máximo circuito fueron los cremas, quienes dieron la bienvenida a Vial y sus felinos derrotándoles por 2-0.

Don Octavio no duró mucho más al frente del Universidad. Al poco tiempo del ascenso, fue sustituido por el ítalo-argentino Renato Cesarini, uno de los entrenadores más importantes en la historia del club y quien verdaderamente puso los cimientos de esa grandeza que emana hasta nuestros días.

  • Texto escrito por Roberto Quintanar