Teniendo en cuenta los precedentes que existen en su familia, pensar que Marek Hamsik podía triunfar en algún deporte nunca fue una quimera. Su padre probó suerte como futbolista, su madre fue campeona de balonmano y su hermana —influenciada por los gustos de su progenitora— también se dedicó a dicho deporte. Pero al actual capitán del SSC Napoli siempre le tiró más el fútbol y a sus 30 años de edad se encuentra en la plenitud máxima de su carrera deportiva por dos motivos: cumple una década defendiendo la elástica del club que le ha visto crecer y que más ama, y se encuentra a tan solo dos goles de convertirse en el máximo goleador histórico del Napoli. O lo que es lo mismo, está a tan solo dos tantos de superar los registros goleadores de toda una leyenda dentro del conjunto partenopeo como es Diego Armando Maradona.

Para entender mejor lo que Marek Hamsik significa para el Napoli en la actualidad, es necesario contextualizar la carrera de un jugador que, con el transcurso de los años, ha ido experimentando una mejoría que la ha llevado a ser uno de los centrocampistas que dominan el fútbol europeo a día de hoy. Porque el Hamsik que vemos con regularidad todos los domingos en la presente edición de la Serie A, poco tiene que ver con el Hamsik que jugaba con Mazzarri o Benítez, y mucho menos con aquel imberbe y excéntrico mediapunta eslovaco que hubo un tiempo atrás en el que destacaba más por su peinado que por sus habilidades relacionadas con el balón.  

“El Hamsik que vemos con regularidad todos los domingos en la presente edición de la Serie A, poco tiene que ver con el Hamsik que jugaba con Mazzarri o Benítez”

Nacido en Banská Bystrica, a orillas del río Hron y a unos 200 kilómetros de Bratislava —la primera ciudad en la que intentó triunfar Marek después de formarse en el Jupie Podlavice—, Hamsik tuvo que emigrar de su Eslovaquia natal para buscar una verdadera oportunidad en el extranjero. Cuando debutó como futbolista profesional en 2004, el Slovan Bratislava jugaba en la segunda división de su país. Eran tiempos en los que el Žilina ganaba con cierta regularidad la liga doméstica. Y cuando le surgió la oportunidad de continuar su trayectoria lejos de Eslovaquia, Marekiaro no dudó en marcharse. Italia le aguardaba.

Sin embargo, antes de afincarse en el sur, Marek Hamsik tuvo que empezar a llamar la atención en el norte. Brescia fue la escala previa a Nápoles y el Brescia Calcio le acabó dando la oportunidad al internacional eslovaco cuando le fichó por medio millón. Primero jugó en el Primavera del Brescia, aunque no tardó mucho en estrenarse con el primer equipo de la mano de Gianni De Biasi. Esa temporada, la 04/05, supuso el descenso del conjunto lombardo y en Serie B comenzó a ganarse un nombre durante los dos próximos cursos. A las órdenes de técnicos más o menos contrastados dentro del Calcio: Zdeněk Zeman, Rolando Maran, Mario Somma o Serse Cosmi. Y cuando el Napoli de Edoardo Reja certificó su regreso a la Serie A en el verano de 2007, los caminos del propio Hamsik y el club napolitano —que estaban destinados a juntarse— se cruzaron para no separarse jamás.

“En Nápoles soy parte de una comunidad  —de una familia— que tiene un lugar muy especial en mi corazón. Yo necesitó eso más que un gran cheque de pago o trofeos. Necesito sentir algo especial en mi alma. Y Nápoles me da eso. Siempre estaré agradecido.” (Hamsik, sobre su relación con Nápoles y el Napoli en The Players Tribune).

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A pesar de que Hamsik también trabajó con Reja o Donadoni, Walter Mazzarri fue el primer técnico del Napoli con el que despuntó en el panorama internacional. También fue el entrenador con el que ganó uno de los tres títulos que tiene en su haber con el cuadro partenopeo. Aunque lo más curioso en este caso es detenerse a analizar cómo sobresalía tanto por aquel entonces. El eslovaco pronto se destapó como un mediapunta con muchísima llegada que siempre estaba muy vinculado al gol y a la finalización. En el 1-3-4-3 habitual del preparador italiano, Marek Hamsik era uno de los tres puntas del equipo, jugaba respaldado por Inler, Dzemaili o Gargano —que formaban entre sí el doble pivote—, y compartía delantera con Lavezzi y Cavani en la mejor época del ese Napoli que volvió a la Champions, que ganaba muchos partidos sobre la bocina y que salió campeón de la Coppa Italia ante la Juventus con un gol en la final de Hamsik.

“A pesar de que Hamsik también trabajó con Reja o Donadoni, Walter Mazzarri fue el primer técnico del Napoli con el que despuntó en el panorama internacional”

A continuación, el banquillo de San Paolo lo ocupó Rafa Benítez. Con él, Marekiaro no tardó en convertirse en el enganche perfecto de un conjunto que, habitualmente, basaba sus planteamientos en replegar y contragolpear con Hamsik ejerciendo de hilo conductor de esos contragolpes; y con Higuaín y jugadores rápidos por las bandas como José María Callejón. En ese contexto, a Hamsik tampoco es que le fuese mal. Cada vez se sentía más líder del Napoli, y mientras a su puerta llamaban equipos como la Juve o el Inter, él declinaba todas esas ofertas a medida que iba agrandando su leyenda como ídolo de la ciudad, sin saber que lo mejor aún estaba por llegar.

Hamsik se ha transformado en un centrocampista mucho más completo con Sarri

El arribo de Maurizio Sarri al Napoli se produjo en un momento de cierto estancamiento futbolístico de Hamsik. Europa sabía lo bueno que era porque él mismo se había encargado de demostrarlo en algunas noches muy concretas, pero para muchos su fútbol no daba para más. Sarri, en cambio, no pensó lo mismo y vio en él a ese jugador que podía erigirse como el futbolista más determinante dentro del sistema del técnico napolitano.

Al principio, Maurizio Sarri no quiso romper el 4-3-1-2 que tan buenos resultados le dio en el Empoli y, dentro de ese esquema, Hamsik ejerció de mediapunta. Los resultados no fueron del todo satisfactorios y tras un arranque algo dubitativo, Sarri le dio una vuelta más a ese dibujo táctico que le abrió las puertas de la Serie A, y pasó al 4-3-3 y situó a Marek Hamsik como interior izquierdo. Este movimiento —a priori menor a ojos de varios expertos— supuso que el fútbol del eslovaco fuese más allá. Porque con él jugando ahí, Marekiaro ha renunciado a no aparecer con tanta frecuencia cerca del área rival —llegando y sorprendiendo como hacía con Benítez o Mazzarri—, con tal de asumir más peso en la creación de juego como piedra angular de un centro del campo que precisa de él para construir en la medular.

“Sarri le dio una vuelta más a ese dibujo táctico que le abrió las puertas de la Serie A, y pasó al 4-3-3 y situó a Marek Hamsik como interior izquierdo”

“Ningún entrenador me ha dado más que Sarri. Él le ha dado una identidad muy definida al equipo y nos ha transmitido su mentalidad ganadora.”, afirmó en una entrevista reciente. Y los datos que registra la cresta más famosa de toda la región de Campania no dejan lugar a dudas. El Hamsik del presente ya ha dejado de ser un mediapunta finalizador. El eterno capitán del Napoli es ahora un generador de juego, pues es un jugador que entra participa bastante más que antaño (ver tabla) y que es el encargado de formar, junto a Insigne y Ghoulam, la sociedad que decide a qué ritmo juegan y atacan los suyos.

En el plano individual, Marek Hamsik tenía un reto mayúsculo para la presente campaña: sumar más de 115 goles con el Napoli y superar así al jugador más importante en la historia del elenco azzurro, y finalmente lo consiguió ante la Sampdoria.

En realidad, ante el conjunto de Giampaolo, fue el momento exacto en el que Hamsik alcanzó los 116 goles. Pero lo cierto fue que el mes fantástico que protagonizó en diciembre de 2017 es lo que le permitió alcanzar tan elogiable cifra. Desde su gol ante el Cagliari —en octubre— pasaron más de dos meses en los que Marekiaro parecía estar bloqueado. Rondaba el gol, pero nunca llagaba. Hasta que en Turín, en el estadio olímpico y ante el Toro, Hamsik igualó la cantidad de goles que Maradona anotó en sus siete temporadas en Nápoles y días después, frente a la Sampdoria precisamente, el eslovaco entró en los anales de la historia de un Napoli en el que ha escrito su nombre con letras de oro. Y San Paolo fue testigo de todo ello.