La Juventus de Turín ganó un duelo que será importante en el devenir del Scudetto más luchado de los últimos años. La Roma, que nunca ha sumado un punto en la nueva casa bianconera, ve como el equipo de Massimiliano Allegri se aleja a seis puntos y el Napoli a siete. Pudo haber sido peor que el 1-0, pues Alisson detuvo lo suficiente como para entender porque es el 1 del Brasil de Tite. Si en el descuento Patrick Schick hubiese aprovechado mejor el regalo de Benatia, por destacar la más clara de los giallorossi, el empate sería el resultado final. En verdad, ninguno fue mejor durante todo el encuentro y los dos porteros destacaron. La Juventus desaprovechó más ocasiones, pero terminó mirando la boca a la loba que despertó en la última media hora.

“En el 4-3-3 de Allegri, los dos interiores aportan llegada más que capacidad organizativa, tarea que pertenece al bosnio Miralem Pjanic, más regista que nunca en su carrera”

Sin Dybala, castigado por asuntos extradeportivos, y con Bernardeschi a su lado en el banquillo esta Juventus tiene menos talento a la hora gestionar el esférico, aunque no por ello deja de ser competitiva. En el 4-3-3 de Allegri, los dos interiores aportan llegada más que capacidad organizativa, tarea que pertenece al bosnio Miralem Pjanic, más regista que nunca en su carrera. El técnico livornés tiene un plan claro y la ejecución es más sencilla que mágica. Trata de recuperar en las áreas, rival o propia -donde les favorece la acumulación de hombres con talento defensivo-, y ser rápido en la transición. O bien para acabar la jugada de manera directa (hubo un par de envíos de Chiellini a la espalda de la defensa romana que los hubiera firmado Bonucci), o bien para llevar el balón a la banda, pausar la jugada, y buscar el centro. Desde los costados estarán Alex Sandro y Cuadrado. En el área, Mandzukic, Higuaín, Khedira y Matuidi. No es brillante, pero tampoco poca cosa. Vigilando, Pjanic repartiendo cartas como croupier (¡hagan juego!) y la nueva BBC juventina, pues Barzagli, lateral derecho actual, apenas pisa campo rival.

“La Roma tardó una hora en encontrar soluciones a los problemas que planteó la Juventus en ambas áreas”

A la Roma se le escapó un partido porque le costó más de una hora estar cómodo en él. El conjunto de Eusebio Di Francesco no halló soluciones ni para las fases de alta presión de la Juve con Matuidi/Khedira haciéndose importantes a la hora de ayudar a Higuaín, ni para el repliegue (muy) bajo de esta. Es cierto que cuando Dzeko ganó sus duelos de espaldas a portería ante Benatia o Chiellini forzó el error de Alex Sandro (sumando menos en defensa que en ataque), la Roma se acercó con peligro a Szczesny (ocasión de El Shaarawy a la media hora), pero casi siempre los centrales locales se impusieron al bosnio y el bagaje ofensivo fue pobre. La fortaleza que fue la banda derecha de la Juve (Cuadrado+Barzagli), tapando el núcleo del fútbol giallorosso de este año (Kolarov+Perotti) también fue un factor diferencial.

Para cuando la Roma empezó a producir y conseguir que la Vecchia Signora se sintiese incómoda en su propio campo, ya habían pasado casi 70 minutos y perdían 1-0 tras una acción a balón parado tres veces rematada por la Juventus antes de que anotara el zaguero marroquí. Fazio vuelve a salir en la foto (marcaje a Chiellini y pasividad ante Benatia, goleador) en una mala noche del argentino. No fueron los cambios de Di Francesco la causa, pero estos ayudaron a que la tendencia cambiase. Coincidió que la Roma empezó a encontrar a Nainggolan entre líneas cuando Pellegrini entró para agitar el juego, enviando al belga al sector izquierdo. La entrada de Schick, por su parte, ayudó a la mejora de Florenzi (de menos a más, con larguero incluido).

“No fueron los cambios de Di Francesco la causa, pero estos ayudaron a que la tendencia cambiase”

El final, con la Roma entregada y jugando en 4-2-4 con Under de extremo derecho (sustituyó a De Rossi) y Schick con Dzeko en punta fue un todo o nada. Pudo ser nada si Alisson no lleva al larguero el latigazo de Pjanic (partidazo del bosnio). Pudo también ser todo, si a Schick no se le hubiese hecho de noche cuando Benatia y Chiellini demostraron que, aunque no extrañan a Bonucci, aún necesitan tiempo para conocerse y cuando el polaco Szczesny argumentó que Buffon es leyenda, pero el también puede salvar victorias. Un triunfo de una Vecchia que sin Dybala ha vuelto a reinventarse para ser competitiva.