Después de perder la final del torneo Apertura 2017 de la Liga MX contra su mayor enemigo en su estadio, el Monterrey alcanzó evitar la completa depresión en su entorno ganando la final de la edición de este semestre de la Copa MX. Además, los Rayados lograron el trofeo en 90 minutos contra el Pachuca, en los cuales hubo solamente un posible vencedor, el que al final acabó coronándose en el BBVA Bancomer. En general, la parte más decisiva del partido estuvo marcada por una trampa que el joven entrenador uruguayo Diego Alonso intentó imponer después de un inicio francamente negativo para los Tuzos. Pero en este momento, los tres delanteros Albiazules aparecieron para, con protagonismo para la asistencia del colombiano Dorlan Pabón en el único gol, anular las intenciones del rival.

Lo primero que hay que decir es que esta postura de Alonso tuvo origen después del repaso de Monterrey en los 20 minutos iniciales. Imponiendo su presión alta con el joven mediocentro Jonathan González a la cabeza y sus posteriores ataques verticales con el mismo Pabón además de Avilés Hurtado y Rogelio Funes Mori, los comandados del argentino Antonio Turco Mohamed no marcaron el 1-0 durante este tramo de milagro. Entonces el Pachuca tuvo que tomar una decisión: seguir insistiendo en su plan habitual (intentar sumar pases con salidas en corto) que le estaba restando competitividad o simplemente acabar con todas sus posibilidades reales de marcar un gol para al menos entorpecer el juego para el adversario. Diego escogió lo segundo y, mejor o peor, logró equilibrar el partido.

“Los interiores Víctor Guzmán y Erick Aguirre volvieron a sumar poquísimo para la circulación ofensiva del Pachuca”

Siempre saltando las líneas contrarias en cada una de sus iniciaciones, los Tuzos distanciaron los acontecimientos del sorprendentemente seguro portero Alfonso Blanco y obligaron que los Rayados empezasen cada uno de sus intentos ofensivos en campo propio contra un rival capacitado para defender sin grandes sufrimientos sus salidas directas buscando a Funes Mori mientras hubo poquísima claridad, continuidad o ritmo por parte de ambos. Lo que los visitantes no esperaban es que una segunda jugada después de un balón largo terminara en los pies de Dorlan, que marcó la diferencia con un grande pase al espacio para su paisano Avilés. Con el 1-0, la trampa del Pachuca ya no tenía valor y las cosas deberían cambiar otra vez. Pero entonces quedó claro que la presión del adversario no era el único problema de los visitantes.

Como ya estuvo en evidencia durante el reciente Mundial de Clubes, al conjunto hidalguense le está costando un mundo juntar pases durante la ausencia del interior Erick Gutiérrez. Esto no fue diferente en la final de la Copa MX, con el añadido de que Keisuke Honda no pudo ofrecer soluciones jugando lejos de la base de la jugada y su jugador más autosuficiente, el extremo derecho uruguayo Jonathan Urretaviscaya, tampoco estuvo presente. De esta manera, la única posibilidad de que los Tuzos llegasen al empate estuvo en una genialidad del mediapunta japonés o un error del inseguro cancerbero argentino Juan Pablo Carrizo. Al final, ninguna de las dos opciones se concretizó y, aunque no transitara con demasiada continuidad, el segundo gol de los Rayados estuvo siempre más cerca que el 1-1.