Consciente de que esto posiblemente represente más un defecto que otra cosa, a mí me pasa algo a la hora de analizar el fútbol: siempre doy más valor a los inicios que a los finales tanto en términos individuales como colectivos. A partir de esta premisa, Kylian Mbappé y Dries Mertens siempre me han parecido piezas ajenas a los sistemas diseñados por Leonardo Jardim y Maurizio Sarri en Mónaco y Nápoles, respectivamente. Que, por supuesto, no se trataban/tratan de nombres que no se relacionaban/relacionan con los demás compañeros, eran/son importantes para el funcionamiento general y, claro, representaban/representan el grande jugador y el responsable por elevar el techo de cada uno de los proyectos. Pero, sin Kylian y Dries, tanto Jardim como Sarri seguirían jugando a lo mismo. Incluso, sin ir más lejos, el equipo monegasco que llegó a las semifinales de la Liga de Campeones y ganó la Ligue 1 nació antes del surgimiento de Mbappé aunque, al final, fuera el joven delantero que posibilitara los logros cosechados.

Dicho todo esto, al Lyon, conjunto revelación de estos primeros meses de temporada en Europa, me pasa algo similar con la figura del mediapunta Nabil Fekir. Claramente se trata de su mejor jugador con diferencia y la pieza que eleva sus aspiraciones, pero el funcionamiento colectivo diseñado por Bruno Génésio desde luego no empieza en él, ni mucho menos, mientras que muchas veces ni siquiera cuenta con el mediapunta francés como un escalón intermedio para llegar al objetivo final. Para inicio de análisis, es necesario describir la idea del entrenador para esta campaña: el Lyon de Génésio siempre ha sido un equipo eminentemente ofensivo y de ritmo alto. Pero, como sucede en todos los países, el que gana acostumbra a marcar tendencia. En este sentido, el último equipo que lo hizo en Francia fue el propio Mónaco de Jardim, además haciéndolo de una manera muy radical. De esta manera, Bruno claramente ha buscado recrear un estilo similar al actual campeón de su país, volviendo su conjunto todavía más acelerado y vertical en todas las fases.

“Bruno claramente ha buscado recrear un estilo similar al actual campeón de su país (Mónaco), volviendo su conjunto todavía más acelerado y vertical en todas las fases”

En general, más en fondo que en forma, muchas de las ideas de Leonardo están presentes en el Lyon: el ritmo alto que tiene como objetivo aplastar, un doble pivote que cuenta con mucho vuelo, la presión adelantada, el peso ofensivo de los laterales y la verticalidad son algunas de ellas, siempre considerando que los Gones cuentan con menos calidad individual que el ya mencionado Mónaco 2016-17. Dentro de todo esto, la versión más reconocible del Olympique es la que cuenta con los jóvenes Ferland Mendy y Tanguy Ndombele, ambos recién llegados de la Ligue 2, en su XI inicial. Por más que el primero sea lateral y el segundo interior, se tratan de piezas muy parecidas en su manera de jugar. A partir de unas condiciones físicas brutales, tanto Ferland como Tanguy tienen la calidad, las piernas y la cabeza para representar argumentos en fase de iniciación ofensiva. Sin ir más lejos, son dos especialistas superando presiones y rivales en conducción que, con su potencia, generan un ritmo insoportable para los adversarios.

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Para poner un ejemplo en este sentido relacionando con otro de los equipos comentados al inicio del artículo, ni siquiera el mismísimo Nápoles de Sarri, siendo un colectivo de ritmo alto, ha sido capaz de aplastar el gran Atalanta de Gian Piero Gasperini como sí lo hizo el Lyon durante la fase de grupos de la actual Europa League. Además, es necesario considerar que casi todas las piezas disponibles para Bruno Génésio están relacionadas a una misma dirección: los brasileños Rafael y Fernando Marçal son laterales con argumentos en campo rival, el mediocentro Lucas Tousart tiene interiorizado este concepto de irse adelante (especialmente sin balón), Bertrand Traoré, Memphis Depay y Maxwel Cornet son extremos de aceleración para posteriormente pisar zonas de remate y el delantero español Mariano Díaz es puro ímpetu. En este escenario, piezas que no encajan demasiado como la idea como el central Mouctar Diakhaby, un especialista defendiendo el área, han perdido espacio (Jérémy Morel tiene mayor velocidad para defender en campo abierto).

Un nombre que sí difiere un poco en términos estilísticos pero que está ganando protagonismo es el joven mediapunta Houssem Aouar, que a partir de su pausa y capacidad asociativa encaja muy bien con locura que Ferland Mendy acostumbra desatar cuando actúa escorado a la izquierda, ofreciendo un punto de apoyo exterior y arriba para que las conducciones del lateral ganen peso interior, altura y, consecuentemente, todavía mayor peligro. Finalmente aparece el nombre de Fekir, que, aunque por momentos ponga el equipo en sus espaldas en periodos en los cuales el plan colectivo no está logrando el funcionamiento esperado y también tenga cierta tendencia en relacionarse con el flujo producido en izquierda por más que sea zurdo, pasa un poco al lado de todo el plan del equipo. En general, Nabil me recuerda lo que fue el gran Carlos Vela en la Real Sociedad: partiendo de una posición más central, el franco-argelino tiene esa capacidad para no perder el balón en los metros finales del campo que hace su conducción peligrosísima por más que le falte aceleración y velocidad en comparación con la élite mundial.

“Partiendo de una posición más central, el franco-argelino tiene esa capacidad para no perder el balón en los metros finales del campo que hace su conducción peligrosísima por más que le falte aceleración y velocidad en comparación con la élite mundial”

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Eso permite que Fekir pueda producir su propio gol tanto en escenarios posicionales (lleva el balón muy pegado al pie) como en campo abierto (aunque no sea especialmente rápido, no pierde el balón por más que muchos rivales lo intenten frenar). Además, Nabil es muy bueno atacando el punto de penalti, aprovechando de maravilla que la mayor parte del juego ofensivo de su equipo esté concentrado en izquierda, algo que le permite llegar al remate con su pierna buena habilitada para explotar el pase atrás de sus compañeros, mientras la agresividad de Mariano en el área pequeña distrae a los centrales contrarios. Como consideración final, el Lyon de Génésio podría seguir jugando de la misma manera sin Fekir. La prueba de ello ha estado en la reciente visita al Niza, que se saldó con una goleada espectacular construida en menos de 40 minutos a partir de un trabajo de presión media con mucha agresividad en la zona central seguida por transiciones realmente devastadoras. El tema es que Nabil, en el día a día, es quien acaba dando credibilidad (con regularidad en la puntuación) a la idea.

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