En muchos casos, la vida de un niño queda marcada por la relación con sus abuelos. ¡Ay, los abuelos! Esos seres entrañables que tratan a sus nietos de manera totalmente dispar a como se relacionan con el resto del mundo. Capaces de saltarse la autoridad de los padres por el amor que profesan a sus pequeños, un sentimiento siempre correspondido por los nietos. ¿!Cuántas pagas semanales dadas a escondidas; esos regalos y caprichos encubiertos para los más pequeños de la familia!? “Tu padre me ha dicho que no lo haga, pero será nuestro secreto”. Así siempre, así con todo. Nadie dejará de estar en deuda con sus abuelos.

El protagonista de este perfil es un ejemplo de ellos. Siendo apenas un xiquet, Carlos pasaba las tardes junto a su hermano mayor, Álex, y sus abuelos maternos Rafa y Amalia. El iaio Rafa les recogía del colegio a las cinco y volvían a casa comiendo el bocadillo de chocolate y escuchando chistes del humorista Arévalo en el radio-casette de la furgoneta. Cuando llegaban a la casa familiar, en Bonrepòs i Mirambell, una pequeña localidad unos cinco kilómetros al norte de Valencia, la iaia Amalia estaba esperándoles para que tan pronto como hicieran los deberes, fuesen a jugar al fútbol. Salían a la calle y, delante de una pared que tenía pintada con tiza una suerte de portería, uno de los dos abuelos se colocaban de porteros y trataba de detener los incipientes disparos de Carlitos.

Un buen día, o un gran día para el valencianismo según se mire, el abuelo Rafa quiso que el pequeño Carlos, de cinco años, siguiera los pasos del hermano mayor apuntándose al equipo de fútbol del pueblo. Tuvo que prometerle una Game Boy a cambio para que Carlos Soler se inscribiera en el Bonrepòs. “Se ve que no quería, era muy tímido”, explica el ahora jugador del primer equipo del Valencia. Esa pequeña videoconsola sirvió para que Carlos aceptase meterse en un equipo con chicos de su edad. Pero Carlitos apuntaba más alto. Así lo explica un amigo de la familia y responsable del “Bonre”.

“Contra niños de su edad (cinco años) destacaba mucho, él mismo se daba cuenta que no podía pasar la pelota y acababa las jugadas. La cogía y se metía hasta dentro. Ese mismo año decidimos que tenía que jugar con los Benjamines. Llamé al padre y le dije que lo íbamos a poner con niños dos años mayores que él. El padre me dijo que no pasaba nada… Había días que hasta jugaba con los dos equipos si no coincidía el horario”.

Tiempo después, aclimatado ya a la dinámica de jugar en equipo pues al principio el niño no entendía que no pudiera estar todo el tiempo con el balón en los pies, llegó el día que cambió a los Soler. Era el último partido de la liga benjamín y el Bonrepòs se jugaba el título con el Valencia. El nieto de Rafa y Amelia jugaba de delantero, marcó tres tantos y el “Bonre” ganó 3-1 al grande de la ciudad del Turia.  La familia Soler Barragán se fue de vacaciones, habiendo celebrado antes el doblete Liga y Copa de la UEFA del Valencia CF, y cuando volvieron, tenían una gran noticia. El propio club che había hecho multitud de llamadas a los padres de Carlos Soler para que su hijo, el que les había marcado tres goles siendo dos años más pequeño, jugase en el club que de la mano de Rafa Benítez había conseguido la gloria en ese 2004.

Carlos Soler: “Que venga el Valencia a por ti, sobre todo por el partido ese que hice que le metí tres goles, es un honor. Recuerdo cuando iba a Mestalla con los amigos muchas veces me decían: <¿Te imaginas marcar un gol en el último minuto y que todo el mundo canta tu nombre?> Yo les respondía: <Joe, eso no me lo imagino ni en sueños>”.

Carlos Soler ya no abandonaría nunca la disciplina che. Seguiría como delantero en las categorías de fútbol base y, la verdad, mal no lo hacía. Aparte de esos números casi groseros de más de 500 goles en sus distintas etapas, a poco de cumplir 13 años empezó a darse a conocer allende la Comunidad Valenciana. Fue en 2009, en el mítico torneo alevín de fútbol-7 que se disputaba en Arona, Tenerife, durante las vacaciones navideñas. Esa edición la ganó el Borussia de Dortmund al Sevilla en los penaltis, pero Carlos Soler, que había capitaneado a su equipo hasta la tande de penaltis de semifinales frente al futuro campeón, fue nombrado MVP del torneo.

A partir de la etapa juvenil, Carlos retrocedió su posición en el campo

Sin embargo, una vez aterrizó en la fase de juveniles, el valenciano empezó a retrasar su posición. Con el Juvenil B (2013/14) de Rubén Mora juega de media punta y de interior (de 10 y de 8). En el Juvenil A (2014/15) de Rubén Baraja, un mito del valencianismo y del propio Carlos Soler pues fue una de las claves de ese doblete que celebró Carlos como hincha, Soler empezó a conocer la posición de medio centro. Y desde esa posición de 6 llegaría al filial de Curro Torres. Primero, de manera espontánea para debutar en Segunda División B ante el Cornellà con poco más de 18 años. Y ya en la siguiente campaña (15/16) de manera definitiva, cuando Curro Torres tuvo que suplir de algún modo la subida de Wilfried Zahibo del Mestalla al Valencia de, por entonces, Gary Neville.

“Cuando llega al filial, en ese último tramo que cambia el fútbol al que ellos están acostumbrados a vivir, él [Carlos Soler] lo interpretó a la perfección. Desde el primer partido ya lo demostró con 16 o 17 años, era juvenil de segundo año y demostró la capacidad que tiene. Ha cometido errores lógicamente por su juventud, pero cada día da un paso al frente enorme, cada día va creciendo. Un futbolista que yo creo que ha sido uno de los tapados de la Academia, que ha ido creciendo y al final le ha llegado su recompensa”, Curro Torres, entrenador del Valencia Mestalla (2014-2017).

Permitan a este juntaletras un alto en el camino porque es necesario contextualizar. Se quiere remarcar el “por entonces” del párrafo precedente porque en aquella campaña, la 15/16, hasta 4 entrenadores pasaron por el banquillo che (Nuno, Voro, Neville y Ayestarán). El Valencia CF ha estado varios años navegando entre tempestades, con un entorno cada vez más crispado, un estadio construido a medias y una inversora extranjera a la que le ha costado acertar en su hoja de ruta. Quizás, por ese estado de caos y destrucción en el Valencia, la llegada de Carlos Soler al primer equipo este 2017 haya sido un oasis en el desierto. Un cayado en el que apoyarse y mostrar orgullo para una de las aficiones más numerosas de España. Soler surgió como un claro referente en una entidad que tenía dificultad para hallarlos. Un guía que además es de la tierra, canterano y buen futbolista. Un símil a la valenciana de lo que fue Fernando Torres en el Atlético de Madrid que sufrió en Segunda.

Hace dos temporadas, pues, Carlos Soler aprendía lo que era el fútbol profesional en la Segunda B y disputaba la UEFA Youth League con el Juvenil. Él fue por ejemplo quien anotó el tanto del empate ante el Chelsea en los octavos de final. Un partido que a todos le sonará, aunque a bote pronto sea difícil ubicarlo. Fue aquella famosa eliminación del equipo español en la que durante la tanda de penaltis, el árbitro no concedió un disparo al equipo español que entró, pero que salió repelido por uno de los barrotes internos de la portería.

Aunque Pako Ayestarán se lo llevó con el primer equipo a la pretemporada estival de 2016, no fue hasta diciembre cuando debuta con el primer equipo che. Aquel 10 de diciembre, en Anoeta, cerró el círculo entrando al campo por Mario Suárez. 11 años en el fútbol base, trepando escalones, para llegar a la élite. Era un club muy diferente al que llegó con 7 años. De 2004 a 2016 habían pasado muchas cosas en el Valencia y no todas muy buenas. De hecho, en el banquillo ya no se sentaba Ayestarán, sino que quien hizo estrenarse en Primera a Soler fue Cesare Prandelli. Justamente aquel fue el último partido dirigido por el italiano. Después volvería, de nuevo, Salvador González, Voro, que de interino pasaría a ser el entrenador hasta final de la pasada campaña. Y como no podía ser de otra manera, un hombre de la casa siguió confiando en un jugador de la casa. Soler firmó como jugador del primer equipo en enero, se convirtió en un fijo en los onces y el pasado mayo renovó hasta 2021 con una cláusula de 80 millones.

“La polivalencia de Carlos Soler le hace ser válido para cualquier entrenador. Puede jugar de ‘6’ y de ‘8’. Se ha convertido en un jugador importante y hay que ayudarle a asimilarlo. Su forma de llegar ha sido brillante, tiene mentalidad y cabeza e interpreta muy bien el fútbol”, Rubén Baraja (entrenador Valencia Juvenil A 2013-2015). 

En su primer año en el primer equipo (26 partidos entre Liga y Copa, marcando 3 goles), Voro situó a Carlos Soler en diferentes posiciones, pero casi siempre centradas. Así, Soler era una pieza identificable con el juego interior, la búsqueda de espacios entre líneas, el último pase o la gestación del juego cuando no era el media punta si no el medio centro. Sin embargo, con la llegada de Marcelino García Toral, el jugador nacido el día posterior al año nuevo de 1997 está ocupando una posición diferente a la habitual. No solo la ubicación es distinta, sino también el rol que el entrenador asturiano le demanda. Ahora, la mayor parte del tiempo que pasa en un terreno de juego lo hace desde el interior derecho de un claro 4-4-2.

“En su primer año en el primer equipo (26 partidos entre Liga y Copa, marcando 3 goles), Voro situó a Carlos Soler en diferentes posiciones, pero casi siempre centradas”

Así que, Soler juega en banda. Es más, parte de la banda débil del Valencia. El cuadro che tiene costumbre de organizar su ataque en la izquierda, dejando la derecha para labores de más finalización. Parejo tiende más a juntarse en la banda izquierda con Gonçalo Guedes que con el propio valenciano en la derecha. De este modo, Carlos es más una chincheta que se fija muy abierta, lejos de donde se gestan las jugadas, para dotar de amplitud a su equipo; mientras que el portugués, Parejo y también Rodrigo Moreno, segundo punta encargado de recibir a la espalda  de los medios rivales, disfrutan más espacios.

Con Marcelino García Toral, Soler ha ganado peso en el marcador pero lo ha perdido en la gestación

El periodista, profesión que por cierto también estudia Carlos Soler, y analista Miguel Quintana detalla lo que Soler aporta a Marcelino en su nueva posición: “Para mí en banda derecha Carlos Soler le ofrece al Valencia un punto de apoyo exterior, siempre es más fácil de encontrar que por dentro. Con el perfil de Dani Parejo casa muy bien y, además, aporta gol, porque el chico tiene determinación, gol, asistencia… Lo que pierde es activación de juego entre líneas, dinamismo y fluidez en el circuito asociativo. Si el Valencia no tuviese a Guedes y Rodrigo a este nivel, necesitaría a Soler por dentro, pero mientras se lo puede permitir”.

El chico tiene gol, dice uno de los miembros de la comunidad Ecos del Balón. No solo él, también esos datos de Soler en la academia. Más que nada porque ha estado muchos años siendo el delantero referencia de un equipo acostumbrado a golear en sus ligas, pues para eso es uno de los grandes de su región. Por ello, uno de los lujos de contar con Soler como centrocampista, ya sea de interior, de media punta o de medio centro, es que entiende cómo ha de actuar cerca del área. Es un gran llegador, pues sabe encontrar los espacios útiles. Además, sabe que a veces lo mejor es no perder tiempo y para ello impacta con la superficie y el modo que la jugada requiera. Si hay que volear, se volea. Si hay que ridiculizar la salida del portero, se consigue. Si se precisa un golpeo seco, se prueba fortuna, aunque no todos van así de teledirigidos. Si simplemente hay que colocar el pie, conoce cómo acomodarlo, pues para eso viene de donde viene.

“Uno de los lujos de contar con Soler como centrocampista, ya sea de interior, de media punta o de medio centro, es que entiende cómo ha de actuar cerca del área”

Además de atacar los espacios sin balón, Carlos los ataca muy bien con él en posesión. Es un enorme conductor, pues físicamente es veloz, potente y sus contactos mientras lleva la pelota en carrera, sin ser preciosos sí son precisos. Además, puede que por la edad y la ausencia de galones, no tiene problema en recuperar el terreno ganado cuando toca volver a defender. Aunque en muchas ocasiones el ímpetu por recuperar y no ser paciente le hace cometer demasiadas faltas. Todo lo anterior le convierte en un gran jugador para contraatacar, perfecto para un juego de transiciones o para un equipo de Marcelino. Sin embargo, el nieto de Rafa y Amelia también ha llamado la atención de Albert Celades para la sub-21 española, que se rige por un juego mucho más posicional. Es cuestión de tiempo que acabe siendo llamado por Lopetegui para la absoluta.

Es cierto que no es el mejor pasador del equipo, aunque su abanico es amplio. Combina de buena forma pases cortos, largos, centros al área inteligentes y pases al espacio que requieren gran técnica y conocimiento de los tempos, como esta barbaridad. Sin embargo, Soler no es un mago. No posee una calidad natural para el regate y mezcla grandes controles con otros no tan redondos (por ejemplo, le viene costando mucho controlar de primeras un envío en largo). Sus disparos, si bien son adecuados y potentes, no son siempre insalvables. El pie izquierdo es poco frecuente, tanto que se puede decir que es diestro cerrado. Es muy probable que la mitad de sus contactos con el pie izquierdo durante un partido sean directamente para rematar, porque en ese lapso de tiempo actúa como el matador que fue en su día prefiriendo la rapidez en el movimiento a la belleza en la ejecución.

Como explica Luciano Candel, entrenador de profesión y buen conocedor del equipo blanquinegro, “debería tener más técnica para ser centrocampista”. Para Candel, el valenciano no encaja tanto en el doble pivote pues se necesita de gente “más posicional y que sepa aguantar el sitio”; aunque, en su opinión Carlos “sí es apto tanto para recibir en la base como para jugar entre líneas aunque en ocasiones le cuesta perfilarse correctamente para recibir”. A pesar de esto, es normal que los grandes equipos europeos hayan puesto sus ojos sobre un veinteañero de buena planta (1.83m) que encarna a la perfección el concepto de moderno interior box-to-box.

“Es un chico aún en formación que transmite muchos inputs positivos al equipo. Lo vamos a utilizar dos o tres posiciones. Es solidario, comprometido, canterano y juega muy bien al fútbol”, Marcelino García Toral.

Lo mejor de todo es que todo lo escrito aquí contará poco en un futuro. Porque un futbolista que cumplirá 21 años en las próximas semanas es un jugador incompleto, inacabado. Carlos Soler tiene toda la carrera por crecer, madurar, aprender y mostrar. Porque lo mejor de todo es que el iaio Rafa y la iaia Amelia podrán seguir hablando en familia, mientras comen un arroz al horno como cada jueves, del último partido del nieto pequeño. “No se ha perdido ninguna comida de los jueves”, cuenta el abuelo culpable de que ahora el Valencia tenga una ilusión hecha centrocampista. Aunque igual, si todo va como hasta ahora, el bueno de Carlos Soler tendrá que saltarse alguno por tener que disputar compromisos europeos a partir del próximo año. Al fin y al cabo, esto es solo el principio para el chico.