La sabiduría popular explica que los 28 años de edad son el momento culmen de la carrera de un jugador. Se dice que es en ese momento cuando alcanza la madurez, conjugándose a la perfección experiencia, un mejor conocimiento del juego y un estilo de vida -quizás- más pausado que el de un bisoño veinteañero, sustentado todo ello en un físico todavía en plenitud de facultades. A partir de entonces, la experiencia y el conocimiento seguirán creciendo, pero el cuerpo empezará a fallar. Lo normal, pues, es que un futbolista no pueda competir mejor con la treintena que en etapas precedente cuando supera esa madurez mencionada. Por suerte para los que aman las sorpresas, no siempre tiene por qué ser así. Aritz Aduriz o Didier Drogba son ejemplos de ello, pues no todos los cracks han de seguir el mismo recorrido vital.

Todo comenzó con Arkadiusz Milik comenzando la temporada 2016/17 de manera superlativa. El nuevo punta del Napoli, fichado desde el Ajax, había conseguido mantener en sus primeras semanas en Italia la cuota de gol que había firmado en Holanda: 7 goles en 9 partidos. Sin embargo, el natural de Tychy vio frenada de golpe en octubre del año pasado su oposición a olvidar a Gonzalo Higuaín en San Paolo cuando sufrió una grave lesión. Maurizio Sarri, técnico del Napoli, empezó a pensar en cómo sustituir al hombre gol del equipo. Había perdido a dos nueves titulares en menos de tres meses. Las miradas se centraron en Manolo Gabbiadini, el reemplazante natural, pero el entrenador napolitano pensó y recordó unas sesiones realizadas durante la pretemporada en Castel Volturno. Allí, en la ciudad deportiva del club partenopei, Sarri había testado a un extremo puro como delantero y, a pesar de que a sus 29 años este extremo ni era un fijo en los onces ni conocías las entrañas de la posición, el resultado satisfizo al ex-banquero. “Sí, Dries Mertens será mi nuevo delantero”.

Dries Mertens debutó en una primera división con 22 años y en la Champions League con 26

Al principio, a todo el mundo le sorprendió ver de repente a Dries Mertens (Lovaina, Brabante Flamenco, Bélgica, 1987) como referencia del Napoli. En la memoria colectiva se tenía a este belga cercano a la treintena como un extremo derecho, habituado a jugar en la banda izquierda y ser un gran revulsivo para las reanudaciones. Como él reconoce, solo había sido delantero en fútbol sala. “Si jugábamos 5 contra 5, entonces sí era el punta. Supongo que así conseguí esa química con el gol. Ese ‘giro y disparo’. Pero no, nunca jugué en esa posición. Michael Owen nació como delantero, yo no. Por eso hay veces que cometo fallos delante de la portería”. Hasta entonces, Dries Mertens destacaba por la velocidad, el dribbling y su buen disparo, pero de ahí a poder ser el nueve de un equipo que opta a ganar el Scudetto… Además, ¿¡cómo iba a ser la referencia ofensiva un jugador que mide 1.69!? En todo caso, Mertens será un falso nueve, no un nueve clásico.

“Entiendo por qué la gente me define como falso nueve. Como no soy grande, no puedo hacer lo que la gente tiene en mente como imagen de delantero. Pero el fútbol cambia y la forma de jugar también. Creo que con los goles que he marcado hasta ahora, podemos dejar de decir falso nueve y decir que tan solo soy un nueve”, Dries Mertens.

Como parecía haberle pasado en su juventud, los prejuicios de la baja estatura volvieron a acusar a Mertens. La leyenda explica que el quinceañero Mertens tuvo que salir de la academia del Anderlecht puesto que los técnicos no le veían futuro por su tamaño. Y esa misma leyenda también cuenta que cuatro años después, el KAA Gent tomó la misma decisión en 2007. De poco importó que Mertens se hubiera coronado como mejor jugador de la 3ª División belga 2005/06 en su primera cesión (Eendracht Aalst). Ni tampoco que en el equipo de su segunda cesión, el AGOVV Apeldoorn holandés quisiera hacerse con sus servicios. Según la leyenda, ni Anderlecht ni el equipo de la ciudad de Gante vieron futuro en el escuálido hijo de un profesor de gimnasia y una catedrática de universidad (Lovaina es la ciudad universitaria por excelencia), profesores de ski ambos. Sin embargo, Mertens refuta esa leyenda. “No fue porque fuese muy pequeño. Simplemente, no estaba listo. Incluso cuando cumplí 18, mi cuerpo se asemejaba al de uno de 15. La gente escribió todo tipo de chismes como que estaba enfadado con los clubes porque me dejaron marchar. No es cierto. No fui lo suficientemente bueno en ese momento”.

Quizás no era suficiente para el Gent ni para el Anderlecht, del que había llegado desde el Stade Leuven, el club de su ciudad donde empezó con 5 años (jugando con los de 6 pues no había equipos de tan corta edad) en el que también jugaba su hermano mayor Jeroen y un compañero que llegaría a ser profesional como Denis Odoi, pero sí lo suficiente bueno para continuar su carrera en la segunda holandesa, la Eerste Divisie. Tras la comentada cesión, el AGOVV Apeldoorn decidió renovar su confianza ofreciéndole un contrato para jugar a las órdenes de John van de Brom. En marzo de 2009, antes de finalizar su segundo año, el rápido extremo había sido fichado por 600.000€ para un equipo de Eredivisie, la primera neerlandesa. A Primera llegó como el mejor de Segunda, superando en los votos a todo un Keisuke Honda quien por entonces jugaba en el VVV-Venlo.

Fue el Utrecht FC el siguiente escalón de una carrera que, como ya se aprecia, tuvo unos ritmos no idénticos al de un crack. En el estadio Galgenwaard, Mertens conoció el fútbol de primer nivel (ya con 22 años); debutó en Europa League, precisamente ante el Napoli, en septiembre de 2010 (tras haber eliminado en la previa al Celtic de Glasgow); se estrenó con su selección en febrero de 2011 y peleó con Luis Suárez el galardón a mejor futbolista en los Países Bajos. El conjunto utrechtense rodeó al leuvenaar con varios jugadores que también mejoraron sus carreras como Kevin Strootman, Ricky van Wolfswinkel, el guardameta Vorm o el australiano Tommy Oar. Lograron llegar a unas semifinales coperas, empataron con Napoli y Liverpool en la fase de grupos de Europa League y firmaron el 7º y 9º en cada liga con Dries en la plantilla. Estos argumentos y unos números destacables -incluso para Eredivisie- (21 goles y 34 asistencias en 86 encuentros) le sirvieron para flirtear con el Ajax y acabar fichando por el PSV Eindhoven.

Junto a Strootman y por solo 13 millones de euros por ambos, Mertens llega al equipo de la Philips. La misión es la de sustituir a todo un mito en la entidad como había sido Balasz Dzsudzsak. El húngaro se había marcado ese verano de 2011 al megaproyecto del Anzhi ruso. La etapa de Mertens en Eindhoven también dura un bienio. Tiempo que aprovecha para levantar sus dos primero títulos: copa y supercopa del 2012. Además, vuelve a cruzarse con el Napoli por Europa, y esta vez deja huella anotando un tanto y sirviendo otro. En Nápoles apuntan su nombre en una libreta y, al verano siguiente, el de 2013, Mertens será el primer fichaje del nuevo proyecto. Tras el adiós del técnico Walter Mazzarri, Rafa Benítez firmará a varios jugadores del Real Madrid como Raúl Albiol, Gonzalo Higuaín y José Callejón. Pero antes de ellos, por menos de 10 millones de euros, es el extremo diestro belga quien aterriza en la capital de Campania.

El periodista Adrián Blanco, gran conocedor del Calcio, resume así los cuatro cursos completos de Dries en Italia. Los dos primeros con Rafa Benítez y los otros dos con Maurizio Sarri: “Hasta la lesión de Milik, Mertens no había evolucionado en Italia más que como suplente de Insigne en el interior izquierdo”. Ni siquiera en la selección belga de Marc Wilmots es titular de cara al Mundial de 2014, pues Eden Hazard, Kevin Mirallas o Kevin de Bruyne ocupan los extremos con más frecuencia. Otro periodista, gran conocedor del fútbol belga como Irati Prat, nos cuenta esto: “Aunque parezca increíble, no hemos vivido todavía un periodo relativamente largo de tiempo en el que Mertens fuera indiscutible con Bélgica. Ni siquiera ahora, cuando es uno de los mejores jugadores de la Serie A”.

Marco Bertorello | AFP - Getty Images

Marco Bertorello | AFP – Getty Images

Es cierto que en la era de Benítez quema etapas importantes para un profesional como el debut en Champions League o el de ser convocado para un Mundial (gol incluido a Argelia en la fase de grupos). Consigue ampliar su palmarés con la Coppa y la Supercoppa en 2014 (mérito importante viendo la tiranía de la Juventus), pero la estadística de partidos jugados es clara cuando se marcha el entrenador madrileño. Con Benítez, Dries Mertens disputó 98 encuentros, produciendo 57 tantos, pero solo en el 60% de ellos fue titular. Porcentaje inflado por la grave lesión que sufrió su compañero/rival Lorenzo Insigne (rotura del ligamento cruzado en noviembre de 2014).

Y lo peor es que el cambio de entrenador no influye en su rol en la plantilla. El primer año de Maurizio Sarri (2015/16) se salda con solo 21 titularidades en Serie A. Pero en el segundo, ocurre la desgracia de Milik ya comentada, rompiéndose el ligamento cruzado y abriéndose la puerta a un puesto en el once titular. Fue una oportunidad en la vida de Mertens, que aprovechó a las mil maravillas. El de Lovaina consiguió transformarse de eterno extremo revulsivo a delantero centro titular con incidencia en su equipo de crack.

Adrián Blanco narra así el “caso” Dries Mertens. “Sarri, cuando cae lesionado Milik, quien había empezado muy muy bien la temporada, adapta a Mertens como 9 . El belga responde desde el principio, cosa que Gabbiadini [el delantero suplente] no consigue. Es tal su nivel que Gabbiadini se marcha del club. Cuando en enero llega Pavoletti, delantero más clásico, tampoco encuentra sitio y también se terminó yendo. ¿Es Mertens el mejor del Napoli? Puede ser. Aunque tampoco desmerecen otros como Insigne o Hamsik, también claves”.

40 goles en 47 partidos para Dries Mertens con en Napoli desde diciembre de 2016

Explicado el cómo llega el flamenco a este punto, hay que averiguar qué ha hecho para postularse como uno de los mejores nueves de Europa. Cómo un extremo se amolda a la posición de nueve, un nueve muy verdadero. No es opinión, los datos lo demuestran. En su primer año con Sarri (2015/16), 5 goles y 5 asistencias en 33 fechas de Serie A. La temporada pasada, 2016/17: 28 en 35. Solo Edin Dzeko marcó más que él en la lucha por el Capocannoniere. Su media de producción de goles fue superior a uno por partido contando sus 12 asistencias. En la actual, ya ha doblado esos cinco goles en tan solo 12 encuentros. Números que hablan por sí mismos.

Es verdad que el equipo en el que está idóneo para un delantero de sus cualidades. Con él, el Napoli fue el equipo más goleador (94) del pasado Scudetto. Además, Sarri ha conseguido que el Napoli ataque de manera coral, puro juego posicional, potenciando así sus fichas. Insigne, Callejón, Hamsik y compañía también están rindiendo a gran nivel. Todo ello favorece a Mertens, claro. Pero el belga no es un jugador que se encarga solo de rematar, sería incoherente sino con su pasado como extremo. Además de sus goles, Mertens tiene un impacto notorio en el juego del Napoli.

Sin balón, Mertens es capaz de buscar desmarques de apoyo y de ruptura. Su buen juego de primeras le permiten descargar de cara con sencillez, imprescindible en el juego de pase corto del Napoli. También está capacitado para inventar y que ese primer toque sea una abertura o incluso un pase hacia su propia espalda, utilizando las espuelas o los exteriores para sorprender al defensor que le encima. Esta forma de jugar rápido le favorece ante una posible recepción y juego de espaldas, pues, debido a su tamaño, casi siempre resultaría perdedor en un duelo físico. En cuanto a los desmarques en profundidad, su rapidez (con 30 años ya empieza a menguar) le permiten ganar la partida a los centrales menos ágiles. Además, sabe leer bien cuándo y cómo lanzar esos desmarques a la espalda de los defensas.

“El engaño siempre ha sido una gran parte de mi fútbol. Juego de acuerdo con mis instintos. En el campo tengo mi propia forma de hacer las cosas. Mi objetivo es estar lo más animado posible e ir directamente a la meta cada vez que consigo el balón”, Dries Mertens.

Ya con el balón controlado y de cara hace gala de su buen dribbling con pie derecho, sus fintas y amagos propios de jugador que ha crecido como extremo, potenciado por su bajo centro de gravedad. Además, su buen disparo seco y ajustado (es buen lanzador de faltas y penaltis) y una imaginación para jugadas imposibles que elevan su categoría a crack. Goles como el que anotó ante la Lazio (vídeo inferior), que en parte da título a este artículo, Genoa y Torino (ese día firmó un póker), o este con el PSV, certifican que no es solo un jugador de ‘giro y disparo’. También entiende bien el concepto de presión adelantanda que asegura Sarri y sus esfuerzos no son menores. Es cierto que su pierna izquierda no es tan hábil como la derecha, pero no la esconde. Condiciona el juego de su equipo hacia la banda izquierda. Por allí ya están a diferentes y mezcladas alturas el lateral (Ghoulam hasta la lesión), Hamsik e Insigne, pero Dries Mertens aparece caído al costado en cada partido. A pesar de eso, su función principal es la de cualquier nueve: fijar a los centrales y tener presencia el área.

En el Napoli parece claro que Mertens seguirá como el 9 titular, más aún con la recaída de Milik este año. Sin embargo, Roberto Martínez, su seleccionador, tiene más (benditos) problemas cuando dibuja qué once alineará en el próximo Mundial de 2018. Ante Grecia, en Atenas, por ejemplo, Mertens ocupó la mediapunta izquierda (3-4-2-1) hasta la entrada de Eden Hazard, cuando Dries se desplazó a la mediapunta derecha. Se vuelve a echar en falta una voz más autorizada para hablar de los planes de Martínez.

Irati Prat: “Roberto Martinez ha probado implantar algo parecido al sistema de Sarri. En esos escasos minutos, colocó a Mertens como punta, escoltado por Hazard y De Bruyne, aunque estos en un rol muy diferente al de Insigne y Callejón. Bélgica parece abocada -para bien o para mal- a un 3-4-3, con Hazard y De Bruyne por detrás de un pinta de referencia que será Lukaku. En esta situación, Mertens tiene dos opciones para entrar en juego: salir desde el banquillo como revulsivo -lo más habitual- o retrasar a De Bruyne junto a Witsel y colocar a Mertens en mediapunta junto a Hazard, una vertiente mucho más ofensiva y con evidentes problemas en transición defensiva”.

Sea como sea, la de Dries Mertens es una historia que vive sus mejores capítulos justo cuando para otros empieza a barruntarse el ocaso. Es imposible averiguar lo que ocurrirá en los próximos meses tanto en el Napoli que pelea por el Scudetto como en la Bélgica que llegará a la cita mundialista con la confianza en sus posibilidades en mejor estado que hace cuatro años. De lo que sí se puede estar seguro es de que no todas las historias se escriben igual. Que no todos queman etapas a la misma celeridad para llegar al éxito. Que la vida es un camino que nunca es una línea recta y que cada uno ha de aprovechar las oportunidades que se le van cruzando. Por todo esto, hay mucho que aprender de la parábola de Dries Mertens.